miércoles, mayo 20, 2009
Araceli
Cuando se dejan los 30 el tiempo empieza a enumerar las cosas de las que hay que despedirse para siempre. Es temprano, seguro, pero la conciencia de su paso, la del tiempo, empieza a horadar cuerpo y alma para que el dolor no haga mella cuando las cosas que se pueden hacer sean ínfimas al lado de las que no. Suena Dulces 16 en la radio y yo escribiendo del paso del tiempo. Me los hizo conocer un novio que tuve, no el primero, sí el del debut sexual, magro como el de la mayoría de las chicas de mi época. Esta creo que ya no lo es, más allá de lo que resista, porque la resistencia cansa, especialmente cuando el cuerpo ya no está apto para la gloria, que es la gloria del sexo, la gloria de la droga, el tiempo en que todo puede ser un rock and roll de sensacionales sensaciones incontrolables y sonrisas despiadademente felices.
viernes, mayo 15, 2009
Mariano, Nicolás y yo
Nicolás estuvo convencido, desde ese momento, que lo que Calvino había escrito hacía décadas sintetizaba a la perfección lo que sería su próximo encuentro con Mariano. Daba igual que en vez de Vía Veneto se tratara del recatado puesto de café Havanna en el Unicenter shopping, en Buenos Aires; es más, alimentaba su hipótesis de que en la ciudad en la que se sentía prisionero las cosas siempre se repetían mal: un ciclo de segunda mano que las degradaba hasta la náusea. Él no era Calvino, ni Mariano el tal Carlo Cassola que nombra en su libro. Sin embargo Nicolás pensaba que el diálogo que en el texto ambos mantienen a continuación podría ser reproducido perfectamente por él y quien fuera, tal vez exageradamente (incluso para los años que compartieron), un gran amigo. Gastó buena parte de las horas de los días previos al encuentro imaginando la situación y no encontró mejores palabras que las que Calvino: las había inmortalizado para él. No es acertado ahora hacer más elucubraciones acerca del tema que las que señalan la añeja obsesión de Nicolás: preguntarse por qué otros expresan de igual o mejor forma aquello que a él también se le ocurrió, a veces incluso antes; cuál era la razón que lo condenaba al anonimato —leve fama en un circuito reducido de personas y nombres—, a la falta de reconocimiento, a un reconocimiento ajeno a las que creía sus virtudes; por qué, en definitiva, carecía del poder que siempre había anhelado. Envidia es la palabra adecuada, hubiera dicho Mariano en otra época, en la época que compartieron, con su sonrisa impune.
—¿O una forma de talento?
—Conmigo sin retórica, ¿eh?, no quiero estar tres horas para terminar preguntándome por qué estuvimos tres horas hablando.
—Pero bien que te gusta usar las teorías que te enseño.
—Tampoco la pavada.
—No vas a negar que las sintetizo bien.
—Sí, pero no sos mi única fuente. Además, ni que te levantaras a la mañana y agarraras los libros para repasar las teorías que aprendiste en la facultad.
—…
—¿No me digas que lo hacés?
—No. Sólo las uso con vos para que me prestes atención.
—Ok, sin boludeces, ¿sí?, por favor. ¿Qué querés decir con “una forma de talento”?
—Eso que vos llamás envidia creo que tiene algo positivo que no le reconocés y no habla tan mal de mí: no cualquiera está en condiciones de reconocer la maestría ajena.
Mejor, Calvino: él sí era capaz de descubrir y traducir en palabras esas sensaciones apenas perceptibles que calan hondo y cambian inexorablemente la percepción del mundo; Nicolás jamás había encontrado la forma de hablar de lo inasible. Difícil si era inasible, claro. Pero Nicolás creía que había quienes sí lo hacían, y pensaba que aún estaba a tiempo de formar parte de ese grupo que creía selecto, privilegiado, al que estaba llamado a integrar desde chiquito. Por esas cosas que siempre suceden de la misma manera, a punto de convencerse que nunca lo lograría, una prosa despreocupada le abrió las puertas al éxito que tanto y por tanto tiempo reclamó. No como lo esperaba, más allá de que esas cosas, y muchas otras, ocurran como no se las espera. Sino porque sabía que no conmovería hasta las entrañas, posibilidad que sólo atribuía a lo que creía literatura. Pero el deseo es sobornable. No podría ser de otra manera: se deja un poquito para concretarse, y al dejarse también se niega, forma ideal para poder perdurar, no morir, seguir motorizando el cuerpo que le dé sentido, vida. Así que arregló una prosa liviana; una prosa con la suficiente dosis de ingenio como para que el lector sintiera, al leerla, que su elección había sido correcta: nada peor que demostrarle al público su desacierto permanente, su pérdida de tiempo en consumir textos desechables; la docilidad es una ilusión que jamás debe volverse evidente, resulta una ofensa insoportable sentar a alguien frente a su propia mediocridad. Esa capacidad de adaptación ―que alcanzó a llamar renuncia, pero nunca, ni en sus momentos más angustiantes, cobardía― le permitió ganar un lugar entre los jóvenes escritores, denominación que en el país servía para indicar a los tipos de más o menos cuarenta años que habían tecleado párrafos con cierta destreza y armado una historia efectiva. La edad no acreditaba desmérito; la felonía, en todo caso, era haber llegado renunciando a lo que de jóvenes, cuando se morían por emular a quienes pensaban maestros, consideraban irrenunciable: dejar en el camino inquietudes ―artísticas, espirituales, políticas, sociales y hasta comerciales― y adoptar, desde la impostura, la idea de que no se puede ser un genio todo el tiempo; perder de vista el poder y el sentido de las vanguardias, de aquello que soñaban ser para terminar confundiendo viveza con inteligencia, astucia con agudeza, y de a poco creer que, efectivamente, habían pulido su escritura. Cuando lo que hicieron, en verdad, fue eliminar la esperanza de que, en la búsqueda, el milagro se produjese, y que lo que escribían finalmente se transformara en la corrosiva y atrevida literatura de sus más tiernas fantasías.
Regreso
Todo regreso es una derrota. En parte, pero una derrota al fin. Amiga me dice que no lo tengo que ver así, que después de todo el blog fue una salida, y que ahora puede serlo de nuevo. Una salida es una transición, el paso que convierte el adentro en el afuera. Si el origen de este blog fue una recomendación terapéutica para salir, ahora es una necesidad para volver. No a Lucy que le dio origen, sino a una que el tiempo dejó en una lejanía que da miedo; mejor, que angustia. Toda lejanía angustia porque sólo se siente lejano algo que se desea cercano. Por eso el Señor hace tiempo que no es más una lejanía. Acaso hubiera sido mejor que nunca haya dejado de serlo, porque él, un nuevo y fantástico él a la vez que le dio un significado novedoso (resignificado dirían en la facultad), llenó de dolor: mostró lo que poco se quería ver, lo que, para no ver, se hizo un esfuerzo descomunal, similar al que se hizo de chica para agradar a mamá y papá para que no creyeran que me desviaba mucho de su deseo, que después de todo eso somos de chicos, deseo de papá y mamá.
En algunas ocasiones, una derrota puede ser triunfo. Se pierde pero se gana mucho más. Lo que pasa es que en el momento no se lo sabe. Porque este regreso sea una derrota triunfante. Y mantenga viva la ilusión de que la armonía y la felicidad son posibles
sábado, noviembre 22, 2008
Lágrimas
Chico nuevo, como decía una amiga, una amiga benjamín debería decir en honor a ella tan porfiada todavía en poder todo eso que ninguna de nosotras pudo y probablemente no podrá, no necesita del él con mayúsculas, siente que es mi huesito por más que esa palabra no esté en mi vocabulario aprendido en el seno de una pareja que no recuerdo que se haya trata de mi amor, y forjado al lado de un tipo que sólo demostraba sus sentimientos ante la desesperación del pérdida, del abandono, y nunca en el cotidiano levantarse, cuando una mirada, al igual que aquella palabra que atribuíamos de chicas a dios, bastaba para sanarnos, despejar todas las dudas que continuamente nos asaltan vaya una a saber si porque el mundo es puto, porque una es puta o por la puta madre que nos remil parió.
miércoles, junio 18, 2008
Un mañana
miércoles, mayo 28, 2008
Vivir en las nubes
sábado, mayo 24, 2008
Cansancio
martes, mayo 20, 2008
Regreso al viejo mundo
viernes, mayo 16, 2008
El mundo de nuevo
Nacimos en ese mundo en rémora. Ya no era la rémora de ese mundo, la descomposición de esas estructuras ya era tan grande que parecía estar todo por hacerse. Y lo hicimos. Muchas veces mal. O seguimos sufriendo por hobby, vicio, desidia, impericia, voluntad? O por que somos mujeres? Je. La mayoría de los males sigue haciendo eclosión en nosotras más que en ellos. Tal vez porque algo de eso hicieron, dejándonos un mundo devastado para que lo arreglemos solas, mientras ellos sacaban platea preferencial para vernos caer en el barro, reírse un poco de nosotras y luego esperarnos cual película en una mecedora en el porche con una sonrisita sobradora mientras en el mejor de los casos ensayaban un hola, en otros peores un volviste?, y en los más nefastos un yo te avisé.
miércoles, mayo 07, 2008
Poquito sobre mi madre III
Con mi madre, después de que la dejé de llamar mami y mamá, tuve otra costumbre, aunque recién ahora que ya no está me doy cuenta de que la tuve, y me di cuenta porque incluso la sigo teniendo sin su presencia. No es que nunca había visto nada, sólo que lo veía mal. Hasta hace unos días, digamos hasta que apareció H, algo a lo entregarse al monoseo más feliz, pensaba que sólo era tolerante con ella (y con todos, pero con ella en especial) cuando I'm was in love. Me parecía lo más común del mundo, a todos les pasa. Pero el otro día, después de que H dejó que lo manoseara a destajo agradeciéndome con besos porque no lo dejaba ni quería que me penetrara, de que con alegría lo hiciera acabar en mi boca, me enojé con mi padre de una manera algo desacostumbrada en los últimos tiempos, mucho más desde la muerte de mi madre. Pelearme con él siempre me hizo sentir protegida: no había forma de confiar en ellos, algo siempre traicionarían.
Ya me había dado cuenta de que H llegaba para algo más que sexo, y eso me convertía en una mujer desafortunada: nada que revivir, nada que valiera la pena volver a intentar, cualquier sentimiento que apareciera además de una pérdida de tiempo sería, sin duda, un dolor innecesario. Días después de la pelea, después del sexo con H que para mi desgracia resultó feliz, como feliz resultó que me invitara a quedarme en su cama, a su lado, a dormir, y pese a mi reticencia clara me abrazara por detrás respetando que no quería cucharita, me di cuenta de que pelearme con papá me servía para alejarme de los hombres, para mostrar mi repelencia. No creo que H haya visto algo en mí que yo no considero; más bien me parece que tiene una necesidad que yo le sacio. De eso se quejaba mi madre acerca de mi padre, como si sólo recibiera hasta que él obtenía lo que quería (y no era sexo precisamente), y después se desdibujaba. Esa era la razón por la que mi madre no confiaba en los hombres, aunque mi padre haya sido el único que tuvo. También la razón por la que me inculcó a mi hacerlo, y así probarlos eternamente, hasta que se cansaban, y se iban. Porque yo no era como mi madre, ni nunca lo sería; apenas una aprendiz que aprende para que la sigan queriendo. Mi madre nunca me habría perdonado que en eso no la imitara, y no me habría amado.
H todavía está, y aparentemente, tranquilo. Yo estoy muerta de miedo. Con muchas ganas de pelearme con mi papá.
lunes, abril 28, 2008
Every time
Y ojalá todo me sucediera por protección y no hubiera la mínima sospecha de que es porque no podré hacerlo más, que cualquier contacto que amague con sensibilizarme, siquiera con hacer surgir una sensación cercana a lo que sabemos que fue hermoso sentir pero dejamos en el camino porque vaya una a saber por qué aunque siempre pensamos que fue por nosotras, oh omnipotencia, me conduzca nuevamente al despeñadero y no pueda ya salir nunca más. El miedo a lo improbable no deja ni espacio para el consuelo de lo posible. Y eso indica que está todo mal. Que la tristeza repentina que no pude detener desde que dejé de verlo es el mejor indicio para no volver a verlo. Y sí, claro, el día otoñal, acaso el primero del año, ayudó; y la caída del sol en la ventana que da al noroeste, también. Y para qué hablar de la música descubierta aquí. Pero nada puede sacarme de la cabeza que fui con entusiasmo. Y suelta. Sobre todo eso, suelta. Y que sentarme frente a alguien que parecía quererme mucho más que para coger, que mi compañía le agradaba, mi forma de decir le causaba gracia y lo que decía le parecía inteligente me dio vuelta como un guante.
jueves, abril 24, 2008
Ojalá lo escuche
Claro que a mi manera sabía que su idea de engañar a su mujer, a la que por suerte no conozco, se debe a un motivo superior, y que es precisamente ese motivo y no el engaño lo que le da culpa. Que incluso no es culpa, es el descubrimiento de sentir que tiene que decirle a ella aquello que hace tiempo tiene ganas de decirle, y que haberlo buscado hacerlo de mil maneras y mil veces haber fracasado, lo lleva ahora a hacerlo de la peor manera posible. Y sin darse cuenta de que peor que eso es no darse cuenta de que por lo menos tiene una manera de decírselo, y más: todavía quiere decírselo, le interesa decírselo. Tanto, que incluso está dispuesto al engaño como para lograr que ella, finalmente, escuche lo que cada vez más tiene ganas de decirle, eso que ya se lo dije muchas veces y ella, siempre, se empeñó en escuchar lo que quiso.
domingo, abril 20, 2008
Yendo suelta
Tan suelta como para no atolondrarme con el punto seguido, y poner un punto y aparte, y pensar que es muy lindo ser reconocida, mirada, mimada, apoyada, franeleada en las tetas, apretada en la pelvis, meneada con la mano en la cintura, besada con pasión y ternura en la mejilla, como se besa a quien se desea en futuro.
Tan suelta como para saber que si pintaba algo tendría que ser express, porque esperaban los chicos en casa con la señora que los cuida, y la señora debía amanecer en su casa, y en mi casa nadie más que los chicos y yo debíamos amanecer; y que entonces sería express en la casa de él o en el antaño visitado albergue transitorio, todo un flash, un deja vu irrepetible que se hubiera convertido en un viaje lisérgico, y que sólo con eso pagaba todos los riesgos.
Tan suelta como para volver sola y no pensar que había perdido nada. Y que si había perdido no importaba, porque como me dijo un amigo respecto al tiempo hace uno años: lo único que se puede hacer con él es perderlo. Y así se me cruzó la loca ida de que más rico que haber ganado es haber perdido mucho: eso habla de las muchas oportunidades que una se generó y que osadamente dijo no donde la mayoría hubiera dicho o dijo sí, y que si perdió mucho es porque mucho la desearon y que el hecho de haber rechazado ofertas lejos de hacerla superflua y pretensiosa la hizo elitista y fina, pero por sobre todas las cosas, sin culpa: sólo de esa manera es posible disfrutar de esos momentos en que una se va de una fiesta empujando pretendientes con una sonrisa en la boca y una carcajada interna, un estado de la felicidad poco compartible, como la mayoría de los estados de la felicidad.
Tan suelta como para volver, verlos dormir (a ella, a él no porque ya es grande y la eventualidad de despertarlo por un placer sólo mío sería motivo de crispación, entorpecimiento de la relación y peor, y muy a mi pesar, dar lugar a un trato símil pareja que descubrí hace poco y me puso enteramente mal), y pensar que después de todo no está tan mal, que la madre se sienta linda y agraciada muy probablemente redunde en un beneficio para ellos, que al verla bien (feliz, podría decirse), se animarían a más, especialmente a molestarla, como a veces molestan muy bien los chicos con su: Mamá, jugamos?; o su Maaa!, venís? Y que después de todo, para ellos, puede ser una aventura quedarse solos, lejos de su madre, como cuando chicos con mis hermanos festejábamos las salidas de mama y papá.
Yendo tan suelta que parezco alegre. Y lo estoy.
martes, abril 15, 2008
Dolores
lunes, abril 14, 2008
Noche francesa
miércoles, abril 09, 2008
Apertura
domingo, febrero 17, 2008
Poquito sobre mi madre II
Además de la primera y obvia verdad de que ella ya no va estar, y que no va a estar cuando ellos crezcan y me empiece a quedar sola, sola de motivo, es que más o menos podés darte una idea de tus días por venir, de cómo será tu trayecto hacia la línea de la frontera final. Ante eso, algo que no sos vos te conserva, te retiene aquí, más allá de los hijos incluso. Es un mecanismo más complejo, que tal vez no sólo tenga que ver con lo biológico. Y la desazón tampoco tiene que ver con saber lo que vendrá, ni que en lo que vendrá no hay nada de eso que alguna vez te entusiasmó. Es sólo la conciencia de la decadencia, el exceso de su verdad.