viernes, mayo 15, 2009

Regreso

Todo regreso es una derrota. En parte, pero una derrota al fin. Amiga me dice que no lo tengo que ver así, que después de todo el blog fue una salida, y que ahora puede serlo de nuevo. Una salida es una transición, el paso que convierte el adentro en el afuera. Si el origen de este blog fue una recomendación terapéutica para salir, ahora es una necesidad para volver. No a Lucy que le dio origen, sino a una que el tiempo dejó en una lejanía que da miedo; mejor, que angustia. Toda lejanía angustia porque sólo se siente lejano algo que se desea cercano. Por eso el Señor hace tiempo que no es más una lejanía. Acaso hubiera sido mejor que nunca haya dejado de serlo, porque él, un nuevo y fantástico él a la vez que le dio un significado novedoso (resignificado dirían en la facultad), llenó de dolor: mostró lo que poco se quería ver, lo que, para no ver, se hizo un esfuerzo descomunal, similar al que se hizo de chica para agradar a mamá y papá para que no creyeran que me desviaba mucho de su deseo, que después de todo eso somos de chicos, deseo de papá y mamá.

En algunas ocasiones, una derrota puede ser triunfo. Se pierde pero se gana mucho más. Lo que pasa es que en el momento no se lo sabe. Porque este regreso sea una derrota triunfante. Y mantenga viva la ilusión de que la armonía y la felicidad son posibles

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