miércoles, diciembre 26, 2007

No habrá ninguno igual

Recién ahora, a días de los 40, entiendo eso de no habrá ninguna igual, no habrá ninguna, que una vez me dijo mi hermano mayor que lloró mi papá cuando se separó de mi vieja. La separación duró unos meses, pero para todos fue terrible. Durante años para mí mi viejo fue un maricón. Un tipo incapaz de bancársela solo que por eso volvía; un pollerudo, en definitiva. Volver me pareció la peor decisión de su vida. Nos arruinó a nosotros, pero sobre todo lo arruinó a él. Nunca más pudo ser el que había sido. Es cierto que no hay regreso de ninguna situación, porque la vida sólo es para adelante. Pero volver después de plantarte para descubrir a los pocos días que volviste por cagón porque nada por lo que te habías ido había cambiado, debe ser una de las humillaciones más grandes que se pueden recibir. Y quien la soporta, o pretende soportarla, sólo lo hace por el íntimo deseo de castigarse por semejante equívoco. En ese castigo se le va la vida. Y se lleva parte de la de sus hijos. Nunca la de ella:de eso se trata el castigo, de afectar aquello que más se quiere, y cuando la que se quiere dejó en claro su respuesta con su humillación, ya no queda más que golpearse a sí mismo, y con esos golpes golpear a quienes aún nos quieren.
Busqué un macho todo el tiempo que pude. Y lo encontré. Debería sentirme feliz. El señor, el día que me dejara, lo haría para siempre. Y era cierto: lo tuve que dejar para volver a sentirme un poco yo. Tendrías que haber aprendido a pedir perdón. Pero lo suyo no era eso. Creo que no lo habría elegido de haberlo sospechado. Y así, orgulloso, cerró todas las puertas. Supongo que tampoco lo habría elegido de haber sospechado que tuviera espacio para otra cosa que no fuera su narcisismo. Ahora ya está. Frase sólo  terrible cuando es lacónica. Y es lacónica cuando una llega a decir que no habrá ninguno igual, no habrá ninguno, y no hay gritos, espasmos, llanto incontrolable, ni siquiera lágrimas; tan solo la tristeza angustiante que eleva los hombros y saca desde lo más recóndito de una, una sonrisa por los herederos de ese amor: de ellos se espera, que algún día, puedan revivirlo.

sábado, diciembre 22, 2007

Ellos

Ayer no pude ir a ver a Soda por ellos. Siempre es por ellos que no podemos hacer lo que queremos. Ellos son cualquiera. Todos. Cambian según el lugar, la circunstancia, el motivo. Siempre hay un Ello, como descubrió Oesterheld en El Eternauta. Los hijos, los padres, el señor, las amigas, el jefe, la corporación, el sistema, siempre somos ell@s y nosotr@s. No importa el género, no importa si estás abajo o arriba, si cogés bien o mal, si te gusta bajar o que bajen. No importa nada, siempre habrá un ellos. Y están desde que tenemos memoria. Se pusieron ahí, en algún lugar de nuestra cabeza, y perduraron. Y perdurarán  por más que descubramos todos y cada uno de sus escondites, formas, metamorfosis, porque cada vez que lo hagamos cambiarán de lugar, mutarán, se disfrazarán, harán lo que sea para perdurar, incluso hacernos creer que no fueron ell@s, sino nosotr@s. Algun@s incluso no se irán con nosotr@s, como un virus se contagiarán a otr@s y sobrevivirán a nuestra muerte. Alguien los puso ahí para eso, para que intenten la inmortalidad. Quiénes habrán sido, sino ellos.

martes, diciembre 18, 2007

Belmondo

Una amiga me preguntó por qué no posteaba. No tengo ganas, le dije. Toda la verdad del mundo, si es que a esta altura de la vida una puede decir la verdad. En realidad nunca pudo, pero en algún otro momento de la vida creyó que lo decía. Al borde de los 40 ya no me creo esas cosas. Ni muchas otras, claro. Por ejemplo, que mi mirada cambie de foco  y comience a ver cosas que no le interesan. Hay algo que me dice que ya no quiero hacerlo. Especialmente el hecho de que no haya hombre con el que pienso que me puedo levantar. O sea, como aprendí en Sin aliento de boca de Belmondo (fantástica boca de labios carnosos, para dar esos besos que por lo general tanto nos gusta, los que nos hacen sentir protegidas, queridas, importantes, esos besos que le sacamos a todos los hombres para ver si les interesamos, y que antes o después, en el sexo, al besar nuestro pezón nos hacen subir eso que a falta de mejor nombre llamamos cosquilleo y nos contrae por dentro, dotándonos de una fuerza superior para abrazarlo con todo contra nuestro pecho, soñando y viendo, y que por ver soñamos, que su boca juega con nuestro pezón): lo importante no es llevarse una mujer a la cama, sino despertarse con ella. Más de dos años parecen ser tiempo suficiente como para considerar que tomé una decisión. Y que será muy difícil revertir. 

lunes, diciembre 10, 2007

Qué se le va hacer

Nunca me va a gustar el pasado en vez del futuro, aunque sea el pasado lo único que extrañe en mi vida, y lo único que sé que me hizo y me hará feliz.

sábado, diciembre 01, 2007

Erotismo

Al final siempre te quedás. Pocas veces tenés ganas. Te parece que el esfuerzo no vale la pena, que para qué si después volvés tarde, dormís poco, los chicos se despiertan temprano y algunas otras muchas contras más. Pero vas porque es una amiga con la que no querés perder relación, con la que no tendrías que perderla y mucho menos debería, porque sería una nueva ventana cerrada al mundo, menos contacto, menos fiabilidad ante la humanidad que cuando necesite a alguien, entonces, seguramente, no pensará en vos. Así que vas. Y lo mal que hacés. Y lo bien que hacés, porque ellos, los qué decís que son lo único que te importa y te interesa y por lo que hacés todo en este mundo, incluso quedarte en él pese a tu voluntad, te ven salir, y al menos tienen la ilusión de que mamá se divierta, aunque sepan bien que no es cierto, y lo recuerden cuando crezcan y deban descubrir por qué sus vidas son del modo que son y no como ellos la habían soñado.
Así tiempo que no veía tamaña falta de erotismo. Ni siquiera en una fiesta de sala de cuatro, cinco, tres o dos hay semajante falta de erotismo como entre gente cercana a los cuarenta o ya con ellos, en pareja y con hijos, aunque sin ellos presentes, porque viste, cómo llevarlos a una fiesta así, si vamos a bailar y tomar alcohol; los chicos habrían sido una buena excusa. Tendríamos algo en qué amparar nuestra falta de deseo sexual, nuestra falta de deseo en cualquier otra cosa que no sea lo que hacemos todos los días: contar lo que hacemos todos los días hablando de la falta de entusiasmo que tenemos todos los días y de las fobias que nos crecen todos los días. Ese mundo insoportable repleto de gente insoportable jamás permitiría el sexo en cualquiera de sus manifestaciones, empezando por el de la sugerencia, que es el que abre las puertas de la percepción y pudre la armonía vetusta del todo tranqui, todo liso. Todo muerto. A tal punto hay programas propios que corren en segundo plano ejecutando eso que si nos diéramos cuenta que hacemos nos daría asco de nosotras mismas, que la agasajada en cuestión pidió que los tragos que un par de chicas, a la manera de las fiestas cool, preparaban en una mesa, no tuvierana mucho alcohol. Mirá si después tenemos que llevar alguien a su casa (o a la nuestra, en caso de ser pareja) o, lo que es peor, nos tenemos que bancar a varios de ellos queriendo coger, no tener sexo, menos hacer el amor, sino coger a las tres, cuatro de la mañana, alcoholizado, algo bestial e irrefanable en sus ganas de ponerla. Y por eso están juntos: no cogen, aunque duerman juntos y a veces se las metan. Y sobre todo porque ninguna de ellas tomaría una copita demás y, en ese estado algo alterado, volviera a sentir algo parecido a lo que alguna vez sintió por eso que la acompaña, y lo manoteara con sensualidad, deseosa, llena de erotismo.

martes, noviembre 27, 2007

Película

Gracias Lola por Joan Jett. Un descrubrimiento, como el que aquí festeja Gantman. Es extraño esto de agradecer a gente que nunca vi personalmente y que sin embargo últimamente me aporta más que cualquiera de los cercanos. Y encima los cercanos aparecen como equívocos de los años pasados. Su cercanía, claro. ¿Cómo se llega a eso? ¿Cómo una persona a la que le dimos todo y con la cual desplegamos todo el arsenal posible que alguien pueda desplegar para demostrar que somos confiables, puedan seguir tratándonos como que no lo somos, que mansillaremos su honor o el de lo hijos que tuvimos? Cómo puede seguir accionando sobre esa parte de mí que sabe que tiene que accionar para hacerme sentir mal, culpable, responsable, mal hablada, irascible, como si viviera acompañada de una mestruación eterna, como me dijo que me veía un amigo, un amigo más grande que siempre me quiso coger y al que siempre dije que no porque quiero seguir teniendo como amigo, y del que me alejé varios años precisamente para que ése que después de todo el arsenal desplegado sigue poniéndome en duda, confiara definivitamente de que yo era confiable. Que yo no me borré sola la vez que me borré, según su afirmación dicha así al pasar, como quien no quiere la cosa pero la desea más que nada en el mundo, me borré con él y debido a él, ahora contagiado. Loca por su desprecio me borré, loca por el destierro de su vida al que me sometía. No resistí, cierto. Aún no le puedo explicar a ellos que las mujeres tenemos una cierta debilidad, acaso biológicamente estructural, que hace que nuestras cabezas estallen con más facilidad que la de ellos. Pero eso que no les contaría y que él  no quiere que les cunte porque se le caería la cara de vergüenza, sobre todo ante su primogénito, me lo tengo que comer calladita sin que siquiera me reconozca que no me borré, en todo caso no pude evitar el destierro al que me sometía. No entiendo cómo sigo creyéndome esa película que cuentan sobre mí.

viernes, noviembre 16, 2007

Padres

Al principio, cuando me separé, unos cuantos se mostraron más simpáticos. El señor me dijo, una vez, que nada le parecía más insoportable que un varón preguntándole a la mujer que se había separado cómo andaba. Y eso que al señor muchas cosas le parecían insoportables. Casi todo diría yo. En ese momento no entendía. Y cuando me separé, tampoco. Con el tiempo fui cayendo. Y lo más lindo que nadie te quiere coger. En realidad sí, pero lo niegan. Se te acercan a ver si vos te querés consolar con ellos, y en esa búsqueda de consuelo terminás más allá del límite, y entonces ellos te ponene el límite. Es su manera de demostrarse que son lo que piensan que son: rectos padres de familia, preocupados por el bienestar de sus cercanos, buenos ciudadanos; impolutos. Insoportables. Incluso los que toman distancia de las partes, lo son. Lo son más bien por conciencia: saben por qué y para qué se acercarían, un día se dieron cuenta, como el señor, y entienden que están inhabilitados para esa acción. Cualquier cosa con ellos sería imposible. Sólo si fueran padres de otro establecimiento, como decían las autoridades escolares cuando éramos chicas. Un varón padre es un varón sin erotismo. Y sólo es padre cuando lo cruzamos cotidianamente en la puerta de la escuela de nuestros hijos. No son cogibles, acaso porque hace mucho pero mucho que no cogen, aunque la metan. Es increíble cómo chicos tan bonitos y apetecibles pueden esconder todo con tal de que una mujer los quiera.

lunes, noviembre 05, 2007

Reproches

Hace tiempo que no reprocho a nadie. A nadie que no sean mis hijos, claro. Pero esos reproches no cuentan. Cuentan los que extraño. Los que me hubiera gustado decirle a N que despertó una ilusión que creí que no tenía, y que acaso por creer no tenerla la tengo y en demasía. Contando los últimos años con el señor, me da vergüenza decir cuánto hace que no recibo ese cariño que se da por placer, que se da simplemente por el placer que da ser partícipe de la felcidad ajena. Demasiado tiempo como para recordarlo y describirlo con exactitud. Pero N despertó la ilusión. La necesidad todo lo puede. Incluso lo que se piensa que jamás se hará. El problema es que hay necesidades que son tan pero tan necesarias que sólo gente como N puede hacerlas venir de allá atrás, del último plano, para ponerl adelante. El problema es la necesidad, claro. Y la necesidad se suple satisfaciéndola, o volviéndose una miserable. Tanto esfuerzo por no ser miserable que cae cualquier N y despierta la ilusión.
Prometió llamar y no lo hizo. Y yo, por eso de que por qué hay seguir el sentido común, siempre mezquino, o el instinto, siempre protector de sí mismo, conservante del egoísmo que nos vuelve hacia adentro y no aleja de la posibilidad de compartir, llamé, violando el precepto que las chicas sabemos que no tenemos que desobedecer, porque en cuanto lo hacemos quedámos automáticamente en posición adelantada. Y a los chicos no les gustan las chicas adelantadas. Y entonces tal vez el problema sea que no reprocho.

domingo, octubre 28, 2007

Culo

Cuando le bajé el pantalón me llevé una sorpresa. Media hora tocándonos, con transciones de besos a 45 grados, lenguas en cuellos hasta alcanzar el cuero cabelludo y posan en la oreja, con un orgasmo detenido para después tenerlo con él, para que la erección que había comprobado con toda la palma de mi mano fuese una cosa que perdía la tensión. Pensé que mi sentido, aunque más mi percepción producto de mi estado, me había engañado. Pero no, con mi boca en su ingle y aplastando su pija en mi mejilla, mi ojo, mi oreja, levanté las cejas, los párpados, la vista y lo vi mirándome y antes de que pudiera sonreirle decirme chupamela. Tenés forro?, no, yo sí, pero chupamela así, no, je, dije, y el sonrió y en no más de dos segundos preguntó por? y yo no supe decirle que desde que el señor me dijo lo que tiene no se la chupo a nadie sin certificado de hiv fechado el día anterior (y ni sé si así podría hacerlo), entonces le dije que y, no, no es del todo seguro, y la verdad es que no quisiera hacerlo así, con eso en la cabeza, eso qué?, eso, pensando que es peligroso, en vez de hacerlo otro día cuando los dos estemos más confiados y ni hasta te dé mi culo.
Se corrió (no a la manera gallega, claro, eso hubiera sido para levantarme y vestirme). Suave, casi imperceptible. Pero se le notaba el disimulo, que le gustaba mi culo, aunque a decir verdad le gustó mucho más la manera en que se lo dije y en su fantasía de hacerme el culo y de que una mina la primera vez le diga que le daría el culo. El disimulo le duró poco porque se le murió. Es sólo un forro, le dije, no, no es solo un forro, me dijo, se pierde un montón. Y qué, me la ibas a meter sin forro. Por qué no? Jeje. Me levanté, me puse la remera y le dije que me quería ir a dormir sin miedo a que se pusiera un poquito denso. Hice valer mi experiencia y mi edad. Con sus 29, él no supo qué hacer.

lunes, octubre 15, 2007

Obligaciones I

Y además, no entendés nada porque nunca estuviste sola. Nunca te costó. Y no sabés lo que es estar sola con hijos. Vos preguntaste, por qué no te bancás la respuesta? O sólo te interesa chusmear, sos como el periodismo, que te saca algo en un hora de entrevista en el mejor de los casos, y después te deja con todo eso encima, sin nada a cambio? Porque por lo menos el periodismo te saca en tapa, te da una nota, te hace famosa en televisión. Vos qué me das? Me invitás a tus fiestas, me integrás a tu grupo de amigas, aunque sea a uno en el que no te dé vergüenza o no te haga sentir incómoda, uno donde no esté atajándote de cada uno de mis comentarios, vigilando a ver qué digo o dejo de decir? No, no lo hacés porque me tenés miedo, y al mismo tiempo no te bancás dejarme de lado, reconocer que no te intereso lo suficiente como decís que te intereso, como todas las noches te repetís que te intereso, sólo para sentir que tan mala no sos. Y lo más gracioso es que no sos mala, son común, sos normal, sos como yo y los demás. Lo único que hace diferente a la gente es reconocer que es igual a los demás, que actuaría de la misma manera en la misma circunstancia y que, como decía Celine, lo difícil no es la traición, sino tener las oportunidades. Si tan solo te bancaras eso, qué maravillosa amistad tendríamos!

sábado, octubre 13, 2007

Obligaciones

No nena. No es como vos decís. Una vez más no podés ver desde tu comodidad que yo alguna vez llamé burguesa, cuando la única connotación que le daba era económica, y no era, como entendí después, una forma de ver las cosas que implica la necesidad imperiosa de que todo tenga solución, arreglo, de que todo pueda ser controlado, ya sea en el momento o con paciencia, porque el tiempo nos dará la oportunidad de arreglar aquello que no podemos hoy.
No, nena. No es así. Nunca fue así. Lo que pasa es que una cosa es tener que decirle que no a tu maridito, que te quiero coger igual por más que no estés como antes, y otra muy distinta tener que decirle que sí a más de un chulo que años atrás ni te atrevería porque qué dirían tus amigas, y que ahora lo hacés aunque sea por la fantasía catastrófica de que te vas a quedar sin lubricación si no la usás, y que un dedo de varón es otra sensación que el tuyo, y que te monten por atrás no es lo mismo que te metas algo por atrás.
No, nena. No tiene nada que ver con lo que decís y me proponés, incluso desde la más profunda fe. Porque no te podés atrever a pensar que no es así, se te caería la estantería, dejaría de funcionar el andamiaje sobre el construiste todo, como lo hice yo en su momento, y como la hacemos la mayoría de las que armamos una familia a la vieja usanza, no porque respetemos los fundamentos básicos, sino porque seguimos su concepción de unión, falta de fisuras y perpetuación en el tiempo. Y así no se hace más.
No, nenita. No. Y no. No todos somos exitosos. A veces no poder es no haber sabido en su momento. Y yo no supe. Mala leche. Dejame un poco de resignación. O dejame la resiganación, que es lo único que más o menos me mantiene en pié, que así necesito estar por un tiempo por mis hijos. Dejame de obligarme a estar bien, como otros obligan a la salud, porque la única justifiación que pueden encontrar para sus acciones es que lo hace la mayoría. Gregarios de mierda que se pasan defendiendo la individualidad.
No, nena. No hay por qué buscar cosas que te den placer. Ni siquiera el placer es indispensable para vivir. Si no te gusta, no me invites a tomar algo, no me preguntes, no me quieras sacar cómo estoy, cómo me siento. Se nota, se ve a la legüa, como decía mi abuelita que ya va a por los 90, como también se agarraba más rápido a un mentiroso que a un rengo. Si no querés darte cuenta o querés creer otra cosa es problema tuyo. A mí no me rompas las bolas. O los ovarios, para ser más de género, viste?

sábado, septiembre 29, 2007

Tiempo

El tiempo, con lo único que arrasa, es con una. No sé si arrasa con todo, como sostenés, Moriarty. Acaso el tiempo no te trajo hasta acá, hasta mí? O me hubieras descubierto cuando el señor existía y vos eras vaya una a saber qué? Eso también lo hace el tiempo, la posibilidad de ubicarse en otro lugar y ver otras cosas, la posibilidad de que tu cuerpo cambie y te enseñe nuevos caminos, tu química cerebral se expanda o contraiga cual universo y te permita o impida acceder a nuevos mundos, nuevas mujeres, varones, sexos, personalidades dentro de vos misma, como lo sugiere Lola. Deberías conformarte con esto, Moriarty (lo cual, como varón, seguramente te hará retirarte hacia otro campo de batalla). Es cierto que tu característica insistente te hace varón. Las minas, al menos las varias que conocí, siempre se me hicieron más tácticas y estrategias, midiendo la primera en función de la obtención del objetivo de la segunda. Pero vos temés a lo que temen todos los varones: que los acusen de no haberse animado, de haberse apichonado en vez de ir al frente sacando pecho. Lo que te dije, Moriarty. Conformate con esto, con lo que te doy acá, que es mucho más de lo que te daría personalmente. Vale para todos. Pero más para los que en vez de acompañar quieren mostrar el camino. Tal vez el tiempo te dé la razón. Pero como aprendí de Keynes en mi paso por la facultad de Económicas cuando le preguntaron si su política económica no pondría en riesgo el futuro de la economía: en el futuro estaremos todos muertos.

Nuevo corte

Irritada todo te molesta más. El nivel de tolerancia a las cosas baja considerablemente. Si esto sucede por lo general cuando el cuerpo, sea por menstruación, premenstruación o simple resaca (para que los varones entiendan, para Moriarty?) pide calma y relajación para recuperarse, quiere decir que no tine la suficiente energía para enfrentar los avatares cotidianos: desde hijos a pareja, todo se vuelve insoportable. Acaso todo se vuelve como realmente es, y una descubre verdades que la energía gastada a diario mantenía ocultas.
¿Qué verdades? No sé exactamente cuáles, pero a todo se le ve su parte fea, parte que antes no se veía. Por ejemplo: por más que vayas a la peluquería, te hagas el super corte y te super peinen en una peluquería top, no una de tercera, ni siquiera una de segunda, y la diferencia con tu pelo anterior sea notable, pocos se darán cuenta. Especialmente no se dará cuenta la gente sobre la que estabas poniendo tus expectativas últimamente. Sí, él, quien de verdad te preocupa. Después te das cuenta que la pregunta, tonta, esa que dice: te cortaste el pelo?, la hace hasta quien sabía que jamás podría dejar de darse cuenta de esas cosas. No hace falta que sea alguien muy cercano, sino alguien que pone toda su atención en eso, y que de ese tipo de cosas siempre se da cuenta. Ese te enseñará que incluso hasta el más atento hace la pregunta más desatenta, o una que no esperarías. Si no que esperaría un: te cortaste el pelo! Así, con signo de admiración que indique sorpresa y encanto por lo nuevo que vieron sus ojos. Acaso que descubrieron: una belleza que se mantenía oculta, y que el nivel de energía puesto en su ocultamiento no dejaba ver. Sí, cortarse el pelo es una decisión más meditada de lo que comúnmente se considera, pero hacerlo en estado de resaca ofrece la posibilidad de este tipo de reflexiones. Y eso sin contar los que, sino de los tiempos, muestran su desagrado contra cualquier cambio que les haga notar que el mundo de certezas que se construyeron para sobrevivir no es tan certero, y que necesita una revisión; aunque sea de vez en cuando, y que como vos le mostraste el de vez en cuando, descargan contra ti, eso sí, amablemente, la novedosa torpeza que se descubren frente a un mundo sin las certezas de ayer.
Me quedó bien el corte. Me sentí bien. Me sentí linda. Y sabía desde antes de entrar a la peluquería, que nadie me miraría después como yo esperaría que me mirara, con esa expectación. No pasé de un: ¿te cortaste el pelo? A lo que contesté, irritada como estaba, con una ironía estúpida y vulgar del tipo: no, el peluquero. Una se vuelve muy exigente, irritada. Y exige precisión, o la belleza de su propio ideal. Pero eso no sucede, nunca. Y hace crecer la irritación, y las reflexiones sobre el mundo circundante. Que obvio, es más mierda del que uno suponía. Y la más mierda de todas es una, que pese a que se cortó el pelo, no lo pudo cambiar ni un poquito.

lunes, septiembre 17, 2007

En la lluvia

No quedan olores. Tampoco sabores. Su sexo alguna vez tuvo gusto. Pero ya no hay recuerdo, aunque a veces lo evoco. Extraño sólo el calor. El abrazo de noche, el dormir en cucharita. Dormirse, porque dormir era difícil. Supongo que para todos. Pero él al principio me abrazaba como si nunca me fuese a soltar. Y no lo hacía. Esa fue la sensación que dejó por muchos años después de que en una de esas noches del principio, cuando no nos queríamos alejar ni siquiera un segundo, lo descubrí despierto, abrazándome y haciéndome caricias. Todavía me estremece. Me moja. Pero ya no me lleva a masturbarme. Es un diferencia sustancial. Y en ese ardor que es sólo un segundo, la angustia prevalece y se instala, sin dejarme actuar, sin dejarme llevar, atada, estaqueada al lugar en que me encuentro. Sin posibilidad de encuentro. De allí a acá, sin escalas, es todo dolor. Llanto, antes que dolor. Y mucha, mucha angustia. Sólo la voz severa de alguna parte de mí recordándome los otros momentos, los momentos en los que me sentí maltratada, pueden acallar ese dolor. Cuándo lo dejaré de querer. Cuándo? Acaso nunca, y eso sea lo que me atraiga. Que el dolor permanezca es garantía de seguir queriéndolo. No porque el dolor sea amor, sino porque es ese dolor el único parentesco con el sentir que tengo en los últimos tiempos. Hace rato que nadie despierta en mí la fantasía de estar entre sus brazos después de acabar. Pienso en eso cuando no quiero acostarme con nadie. Funciona a la perfección. Nada como su pecho. Nada como los pelos de su pecho. Todo debería acabar pronto. Acabar de terminar. No se puede vivir mucho tiempo así. Pero como escuché en una vieja canción de Los Abuelos de la Nada: perdió el tren, y tampoco aprendió a correr.

Necrofilia

Y lloré. Y en el consuelo hubo besos, manos, penetraciones, su pija en boca, acabándome, y yo sin siquiera fingir. No fingí el orgasmo, no fingí que me gustara, no fingí dureza; era la flacidez en persona. Una muerta. Y él gozaba. Parecía gozar de mi muerte. No, le gustaba la necrofilia. Lo habrá descubierto es noche. Me dejó en la puerta del telo, al que yo le había pedido ir, el que pagué religiosamente, enojándome cuando quiso poner su parte, plenamente conciente de que la plata que me quedaba no me alcanzaba hasta fin de mes, y que me humillaría y me haría daño cada vez que mi nena me pidiera algo y yo, mintiéndole, o mejor dicho, diciéndole la verdad, enarbolara las pruebas de mi ruindad.

Mensualidad

Pagué con la plata de la mensualidad de los chicos y me puse a llorar. No fue desaforado como las últimas veces que recuerdo haber llorado mucho. Pero se me clavó en el medio del pecho y siguió después de las lágrimas. Nunca me había pasado. Independiente como siempre había sido me sentí humillada. A la mañana siguiente me di cuenta de que nunca había sido independiente, pero así me había sentido. Se había roto la ilusión. No tenía necesidad de pagar con esa plata. Ni siquiera de pagar. Él lo hubiera hecho. Moriarty lo hubiera hecho? Lo hubiera hecho por cogerme. Sí, él lo hizo. No Moriarty, el de esa noche en el que no sé por qué decidí terminar con la ilusión. Con una sostenida por varias. La principal, que podía cogerme a cuanto pendejo quisiera, generalmente los pendejos que sabía que me podía coger, no otros. No fueron tantos. Los suficientes para que los hechos dieran matiz de realidad a lo que mi imaginación quería construir. Así, como un círculo que se retroalimenta, terminaron de construir lo que era una insinuación: que podía olvidar al Señor en base a cogidas varias, preferentemente con pendejos, de veintipico casi treinta, ávidos por demostrarse a sí mismos lo mucho que saben, lo mucho que aprendieron, cómo se hicieron en eso de la gimnasia del sexo, cómo saben satisfacer a una mujer, sin sospechar ni espiando que a una mina más grande y en mi situación, hacerla gozar es un juego de niños. Lo hice sin piedad. Y me gustó. Creo que una de las cosas que más me excitó fue no tener piedad.
Pero él dijo las palabras mágicas, las que Moriarty escribió y me llevó a la situación que, como si fuera uno de esos pendejos que me cogí, pensé que podía manejar. Dijo, en una charla que nunca pude establecer cómo se suscitó, que sí, que había bloggers a las que les gustaría conocer. Yo, con el comment de Moriarty en la frente, le pregunté cuál. Y dijo mi nombre. No fue el único. Pero a quién le importa el resto. Me las arreglé para terminar pagando con la plata de la mensualidad de los chicos. Fueron diez minutos infernales, grandiosos, fatales. Conciente de que cada uno de mis movimientos y palabras estaban pensados para salir rajando de ahí, no los pude detener; se me anticipaban, se precipitaban antes de que tuviera tiempo de calmarlos, de engañarlos contando hasta diez, diciendo aquello que sabía que podía evitar el bochorno, el bochorno que estaba propiciando contra mí misma y a medida que se acercaba la línea que sabía perfectamente era el límite, más acaloraba y lo atraía como un imán. Hasta que pagué. Y lloré.

domingo, septiembre 09, 2007

Blogger

De los 260 mil bloggers, uno/a es lector mío. No exclusivo, pero entra siempre, Moriarty. Dice que le encantaría conocerme. No sé nada de él o ella, pero quiere conocerme. Conozco bloggers que tienen muchos lectores, muchas entradas (en este momento para mí estaría mejor que fueran penetraciones), pero ellos no saben que yo blogeo. Me da vergüenza, mucha, que los demás sepan. Y también me da vergüenza que alguien quiera conocerme cuando yo elegí este medio precisamente para que no me conozca nadie. No personalmente. Pueden entrar, saber de mí, preguntar, decirme cosas, piropearme, no sé, incluso propuestas indecentes (algunas seguramente me calentarán), pero no conocerme. Por ahora no. De hecho a mí me hubiera gustado mucho conocer personalmente a Lola, pero no me animo.
Para vos, Moriarty, que estuviste siempre, y de alguna manera en formaste una representación en mí a la que contarle esto que cuento acá. Te imagino mujer. Pero no estoy segura.

Bloggers

No coincido con ninguno de estos datos, y el rubio racista sudafricano acaba de convertir un try, un bombón al que le chuparía todo (literalmente, sobre todo la transpiración), rubio de ojos celestes (y eso que no salgo con rubios de ojos celestes), y al que sé que ya jamás accederé. Qué feo cuando empezás a tomar verdadera conciencia de esas cosas. Siempre las sabés, pero sólo se te hacen carne en algún momento de la vida, cuando ya estás fuera del target principal de esta encuesta. A veces no te das cuenta nunca, pero a esa gente yo ya no la frecuento. Es más, cada vez la encuentro menos. Y eso que salgo poco. Eso sí, cuando salgo, cojo. Basta de eso de a ver qué onda. Yo cojo, y si no hay nada, bueno, que no haya nada. Al anteúltimo (hace diez días, para que se den una idea de mi ritmo de los últimos tiempos), le puse la boca en mi teta, lo apreté bien, y después le agarré la mano y me masturbé. Y todo gracias a esto.

domingo, agosto 19, 2007

Consideraciones sobre el sexo

Por fin me animé. Hice que me lo mandaran por correo, me daba mucho vergüenza. De hecho no se lo dije a ninguna amiga. Lo probé hoy en la bañera, después de que se fueron los chicos, y nunca más apropiado el término con el que se lo conoce: consolador. Me consoló. Media hora en la bañera, vibra que te vibra. Según estuve leyendo no es de lo mejor, pero está bueno. Dos orgasmos. Para empezar, nada mal. Así es más fácil ser sola. Porque los dedos son lindos, pero la penetración tiene otra cosa. Ese no sé qué, al decir cursi. Me compré un tamaño un poco más grande del que estoy acostumbrada. Bah, el que más recuerdo últimamente es el del Señor, porque los otros de después fue como si siguieran de largo. Ninguno dejó recuerdos. Uno sí, el primero después del Señor. Pero ya se está diluyendo. Y con el nuevo adminículo, seguramente lo olvidaré del todo. Estoy re contenta. Me animé! Y encima me encantó!

jueves, agosto 16, 2007

Mix

No consigo darle continuidad, hacer de esto un hábito. Tantos hábitos idiotas que tengo, y éste no me da. Busco explicaciones pero no encuentro. Mi psicólogo tampoco. Veo que los demás escriben a lo loco, todos los días, la mayoría para hacerme perder el tiempo a mí y a otros tantos como yo que buscamos allí algo que nos entretenga, que nos de eso que sentimos que nos falta, nos divierta, diga algo que nos agrade como un buen disco. Eso es lo único que parece haber buenos discos. Todos los días, en cualquier lugar. Siempre hay uno bueno. Porque está la red, y de ahí, los que podemos, los bajamos. El resto escucha cumbia. O la FM 100, aunque Petinatto se esfuerce en hacerles escuchar Arcade Fire. El problema no es ese, sino que lo entiendan. La mayoría no tiene ganas. El resto no puede. Si se conectan con Petinatto es por su faceta más común, que en su caso no es ordinaria, y que todos las tenemos. En las chicas es más común. La regla nos une, y después la maternidad, su posibilidad, su no posibilidad, su fracaso, su éxito nos vuelve a unir. Es como la comunión y la confirmación, por si quien lee esto es católico varón y no entiende. La demostración de esa cosa de Petinatto es la negra Vernacci, a quien todos califican de varonera: hay que serlo para tener ese lugar en los medios, un mix de ordinariez antes que de género, como les gusta decir a las chicas de Artemisa.