martes, noviembre 27, 2007
Película
viernes, noviembre 16, 2007
Padres
lunes, noviembre 05, 2007
Reproches
Prometió llamar y no lo hizo. Y yo, por eso de que por qué hay seguir el sentido común, siempre mezquino, o el instinto, siempre protector de sí mismo, conservante del egoísmo que nos vuelve hacia adentro y no aleja de la posibilidad de compartir, llamé, violando el precepto que las chicas sabemos que no tenemos que desobedecer, porque en cuanto lo hacemos quedámos automáticamente en posición adelantada. Y a los chicos no les gustan las chicas adelantadas. Y entonces tal vez el problema sea que no reprocho.
domingo, octubre 28, 2007
Culo
lunes, octubre 15, 2007
Obligaciones I
Y además, no entendés nada porque nunca estuviste sola. Nunca te costó. Y no sabés lo que es estar sola con hijos. Vos preguntaste, por qué no te bancás la respuesta? O sólo te interesa chusmear, sos como el periodismo, que te saca algo en un hora de entrevista en el mejor de los casos, y después te deja con todo eso encima, sin nada a cambio? Porque por lo menos el periodismo te saca en tapa, te da una nota, te hace famosa en televisión. Vos qué me das? Me invitás a tus fiestas, me integrás a tu grupo de amigas, aunque sea a uno en el que no te dé vergüenza o no te haga sentir incómoda, uno donde no esté atajándote de cada uno de mis comentarios, vigilando a ver qué digo o dejo de decir? No, no lo hacés porque me tenés miedo, y al mismo tiempo no te bancás dejarme de lado, reconocer que no te intereso lo suficiente como decís que te intereso, como todas las noches te repetís que te intereso, sólo para sentir que tan mala no sos. Y lo más gracioso es que no sos mala, son común, sos normal, sos como yo y los demás. Lo único que hace diferente a la gente es reconocer que es igual a los demás, que actuaría de la misma manera en la misma circunstancia y que, como decía Celine, lo difícil no es la traición, sino tener las oportunidades. Si tan solo te bancaras eso, qué maravillosa amistad tendríamos!
sábado, octubre 13, 2007
Obligaciones
sábado, septiembre 29, 2007
Tiempo
El tiempo, con lo único que arrasa, es con una. No sé si arrasa con todo, como sostenés, Moriarty. Acaso el tiempo no te trajo hasta acá, hasta mí? O me hubieras descubierto cuando el señor existía y vos eras vaya una a saber qué? Eso también lo hace el tiempo, la posibilidad de ubicarse en otro lugar y ver otras cosas, la posibilidad de que tu cuerpo cambie y te enseñe nuevos caminos, tu química cerebral se expanda o contraiga cual universo y te permita o impida acceder a nuevos mundos, nuevas mujeres, varones, sexos, personalidades dentro de vos misma, como lo sugiere Lola. Deberías conformarte con esto, Moriarty (lo cual, como varón, seguramente te hará retirarte hacia otro campo de batalla). Es cierto que tu característica insistente te hace varón. Las minas, al menos las varias que conocí, siempre se me hicieron más tácticas y estrategias, midiendo la primera en función de la obtención del objetivo de la segunda. Pero vos temés a lo que temen todos los varones: que los acusen de no haberse animado, de haberse apichonado en vez de ir al frente sacando pecho. Lo que te dije, Moriarty. Conformate con esto, con lo que te doy acá, que es mucho más de lo que te daría personalmente. Vale para todos. Pero más para los que en vez de acompañar quieren mostrar el camino. Tal vez el tiempo te dé la razón. Pero como aprendí de Keynes en mi paso por la facultad de Económicas cuando le preguntaron si su política económica no pondría en riesgo el futuro de la economía: en el futuro estaremos todos muertos.
Nuevo corte
¿Qué verdades? No sé exactamente cuáles, pero a todo se le ve su parte fea, parte que antes no se veía. Por ejemplo: por más que vayas a la peluquería, te hagas el super corte y te super peinen en una peluquería top, no una de tercera, ni siquiera una de segunda, y la diferencia con tu pelo anterior sea notable, pocos se darán cuenta. Especialmente no se dará cuenta la gente sobre la que estabas poniendo tus expectativas últimamente. Sí, él, quien de verdad te preocupa. Después te das cuenta que la pregunta, tonta, esa que dice: te cortaste el pelo?, la hace hasta quien sabía que jamás podría dejar de darse cuenta de esas cosas. No hace falta que sea alguien muy cercano, sino alguien que pone toda su atención en eso, y que de ese tipo de cosas siempre se da cuenta. Ese te enseñará que incluso hasta el más atento hace la pregunta más desatenta, o una que no esperarías. Si no que esperaría un: te cortaste el pelo! Así, con signo de admiración que indique sorpresa y encanto por lo nuevo que vieron sus ojos. Acaso que descubrieron: una belleza que se mantenía oculta, y que el nivel de energía puesto en su ocultamiento no dejaba ver. Sí, cortarse el pelo es una decisión más meditada de lo que comúnmente se considera, pero hacerlo en estado de resaca ofrece la posibilidad de este tipo de reflexiones. Y eso sin contar los que, sino de los tiempos, muestran su desagrado contra cualquier cambio que les haga notar que el mundo de certezas que se construyeron para sobrevivir no es tan certero, y que necesita una revisión; aunque sea de vez en cuando, y que como vos le mostraste el de vez en cuando, descargan contra ti, eso sí, amablemente, la novedosa torpeza que se descubren frente a un mundo sin las certezas de ayer.
Me quedó bien el corte. Me sentí bien. Me sentí linda. Y sabía desde antes de entrar a la peluquería, que nadie me miraría después como yo esperaría que me mirara, con esa expectación. No pasé de un: ¿te cortaste el pelo? A lo que contesté, irritada como estaba, con una ironía estúpida y vulgar del tipo: no, el peluquero. Una se vuelve muy exigente, irritada. Y exige precisión, o la belleza de su propio ideal. Pero eso no sucede, nunca. Y hace crecer la irritación, y las reflexiones sobre el mundo circundante. Que obvio, es más mierda del que uno suponía. Y la más mierda de todas es una, que pese a que se cortó el pelo, no lo pudo cambiar ni un poquito.
lunes, septiembre 17, 2007
En la lluvia
No quedan olores. Tampoco sabores. Su sexo alguna vez tuvo gusto. Pero ya no hay recuerdo, aunque a veces lo evoco. Extraño sólo el calor. El abrazo de noche, el dormir en cucharita. Dormirse, porque dormir era difícil. Supongo que para todos. Pero él al principio me abrazaba como si nunca me fuese a soltar. Y no lo hacía. Esa fue la sensación que dejó por muchos años después de que en una de esas noches del principio, cuando no nos queríamos alejar ni siquiera un segundo, lo descubrí despierto, abrazándome y haciéndome caricias. Todavía me estremece. Me moja. Pero ya no me lleva a masturbarme. Es un diferencia sustancial. Y en ese ardor que es sólo un segundo, la angustia prevalece y se instala, sin dejarme actuar, sin dejarme llevar, atada, estaqueada al lugar en que me encuentro. Sin posibilidad de encuentro. De allí a acá, sin escalas, es todo dolor. Llanto, antes que dolor. Y mucha, mucha angustia. Sólo la voz severa de alguna parte de mí recordándome los otros momentos, los momentos en los que me sentí maltratada, pueden acallar ese dolor. Cuándo lo dejaré de querer. Cuándo? Acaso nunca, y eso sea lo que me atraiga. Que el dolor permanezca es garantía de seguir queriéndolo. No porque el dolor sea amor, sino porque es ese dolor el único parentesco con el sentir que tengo en los últimos tiempos. Hace rato que nadie despierta en mí la fantasía de estar entre sus brazos después de acabar. Pienso en eso cuando no quiero acostarme con nadie. Funciona a la perfección. Nada como su pecho. Nada como los pelos de su pecho. Todo debería acabar pronto. Acabar de terminar. No se puede vivir mucho tiempo así. Pero como escuché en una vieja canción de Los Abuelos de la Nada: perdió el tren, y tampoco aprendió a correr.
Necrofilia
Y lloré. Y en el consuelo hubo besos, manos, penetraciones, su pija en boca, acabándome, y yo sin siquiera fingir. No fingí el orgasmo, no fingí que me gustara, no fingí dureza; era la flacidez en persona. Una muerta. Y él gozaba. Parecía gozar de mi muerte. No, le gustaba la necrofilia. Lo habrá descubierto es noche. Me dejó en la puerta del telo, al que yo le había pedido ir, el que pagué religiosamente, enojándome cuando quiso poner su parte, plenamente conciente de que la plata que me quedaba no me alcanzaba hasta fin de mes, y que me humillaría y me haría daño cada vez que mi nena me pidiera algo y yo, mintiéndole, o mejor dicho, diciéndole la verdad, enarbolara las pruebas de mi ruindad.
Mensualidad
Pagué con la plata de la mensualidad de los chicos y me puse a llorar. No fue desaforado como las últimas veces que recuerdo haber llorado mucho. Pero se me clavó en el medio del pecho y siguió después de las lágrimas. Nunca me había pasado. Independiente como siempre había sido me sentí humillada. A la mañana siguiente me di cuenta de que nunca había sido independiente, pero así me había sentido. Se había roto la ilusión. No tenía necesidad de pagar con esa plata. Ni siquiera de pagar. Él lo hubiera hecho. Moriarty lo hubiera hecho? Lo hubiera hecho por cogerme. Sí, él lo hizo. No Moriarty, el de esa noche en el que no sé por qué decidí terminar con la ilusión. Con una sostenida por varias. La principal, que podía cogerme a cuanto pendejo quisiera, generalmente los pendejos que sabía que me podía coger, no otros. No fueron tantos. Los suficientes para que los hechos dieran matiz de realidad a lo que mi imaginación quería construir. Así, como un círculo que se retroalimenta, terminaron de construir lo que era una insinuación: que podía olvidar al Señor en base a cogidas varias, preferentemente con pendejos, de veintipico casi treinta, ávidos por demostrarse a sí mismos lo mucho que saben, lo mucho que aprendieron, cómo se hicieron en eso de la gimnasia del sexo, cómo saben satisfacer a una mujer, sin sospechar ni espiando que a una mina más grande y en mi situación, hacerla gozar es un juego de niños. Lo hice sin piedad. Y me gustó. Creo que una de las cosas que más me excitó fue no tener piedad.
Pero él dijo las palabras mágicas, las que Moriarty escribió y me llevó a la situación que, como si fuera uno de esos pendejos que me cogí, pensé que podía manejar. Dijo, en una charla que nunca pude establecer cómo se suscitó, que sí, que había bloggers a las que les gustaría conocer. Yo, con el comment de Moriarty en la frente, le pregunté cuál. Y dijo mi nombre. No fue el único. Pero a quién le importa el resto. Me las arreglé para terminar pagando con la plata de la mensualidad de los chicos. Fueron diez minutos infernales, grandiosos, fatales. Conciente de que cada uno de mis movimientos y palabras estaban pensados para salir rajando de ahí, no los pude detener; se me anticipaban, se precipitaban antes de que tuviera tiempo de calmarlos, de engañarlos contando hasta diez, diciendo aquello que sabía que podía evitar el bochorno, el bochorno que estaba propiciando contra mí misma y a medida que se acercaba la línea que sabía perfectamente era el límite, más acaloraba y lo atraía como un imán. Hasta que pagué. Y lloré.
domingo, septiembre 09, 2007
Blogger
Para vos, Moriarty, que estuviste siempre, y de alguna manera en formaste una representación en mí a la que contarle esto que cuento acá. Te imagino mujer. Pero no estoy segura.
Bloggers
No coincido con ninguno de estos datos, y el rubio racista sudafricano acaba de convertir un try, un bombón al que le chuparía todo (literalmente, sobre todo la transpiración), rubio de ojos celestes (y eso que no salgo con rubios de ojos celestes), y al que sé que ya jamás accederé. Qué feo cuando empezás a tomar verdadera conciencia de esas cosas. Siempre las sabés, pero sólo se te hacen carne en algún momento de la vida, cuando ya estás fuera del target principal de esta encuesta. A veces no te das cuenta nunca, pero a esa gente yo ya no la frecuento. Es más, cada vez la encuentro menos. Y eso que salgo poco. Eso sí, cuando salgo, cojo. Basta de eso de a ver qué onda. Yo cojo, y si no hay nada, bueno, que no haya nada. Al anteúltimo (hace diez días, para que se den una idea de mi ritmo de los últimos tiempos), le puse la boca en mi teta, lo apreté bien, y después le agarré la mano y me masturbé. Y todo gracias a esto.
domingo, agosto 19, 2007
Consideraciones sobre el sexo
jueves, agosto 16, 2007
Mix
jueves, agosto 02, 2007
Perdón
Estoy en una de esas noches en que siento que nunca me voy a separar. Aunque lo esté. Aunque estemos muy lejos. En realidad son momentos. Varios al día. Especialmente cuando no consigo que haya varón que me provoque algo, por más que no sea la bronca, que él me provocaba. Me provoca. Está lejos, con los chicos. Lejos físicamente, no de la otra manera. De la otra manera lo está hace un año, cuando me contó de lo suyo, de su bicho, de su infección. No creo poder separarme. Porque no creo poder perdonarlo. Perdonarle todos los años de vida malgastados en pos de su amor. Me dijo un día, ya en casas diferentes: ojalá todo este dolor valga la pena. No lo valió. Y si bien nunca hay reparación posible, al menos existen los intentos. Él me los negó. Ni siquiera puedo intentarlo. No creo que pueda algún día perdonarle que me haya robado la posibildad de elegirlo otra vez.
viernes, julio 27, 2007
Chabones
Al medodía lo había logrado. Un feo me había llamado en un momento totalmente inoportuno diciéndome que me había mandado un mail, que lo había vomitado me dijo, y que no hacía falta respuesta, pero como no le había contestado quería saber qué pensaba yo. Idiota. Yo no pienso nada porque no lo leí. No creo que seas de las que no leés los mails. Estoy de vacaciones tontito, me pedí unos días para pasear con mis chicos, porque la semana que viene se van con el papá. Primer síntoma de equívoco: no preguntó por qué, preguntó por los mails. Y eso ya estaba respondido antes de explicarle que se iban con el papá. Lo leo y te llamo, dije, más tonta que él. Otro día los leo, chabón, habría dicho otra mina menos necesitada que yo de reconocimiento, de que le digan todo lo que vale, aunque lo que valga sea solo esto que soy. Leí y llamé, conciente de que me había tirado los galgos, que incluso que me había tirado más que los galgos pero que a mí no me gustaba ni medio. Tanto halago me hizo dudar. Y dudé. Casi le digo si quería venir ir a tomar algo anoche. Él me había invitado, diciéndome que me quería conocer, que aunque fuera como amigos y todo eso que te dicen muchos chabones porque sólo te quieren coger. Pero en él sonaba distinto. Sé que quiere algo más que sexo conmigo. De hecho lo tuvimos y me siguió buscando, cuando había dejado claro que era sólo esa noche, y el rechazo había sido lo suficientemente duro como para que no volviera. Pero como me lo cruzo de vez en cuando y es varón, habrá dicho, pro qué no? No perdía nada. Al menos ante mí, incapaz de humillar, incluso de ser clara. Y el que no aclara involucra. Vaya yo. Lo peor es que más tarde cometí el error que traté de evitar, aunque con otro chabón (el chabón se me pegó por una amiga que vino de provincias, como dicen en España, y se la pasa diciendo chabón; y boludo, también). Fue ella la que me habló muy bien de un tipo, y su marido también. Me dijo que le tiraba los galgos a su mujer. Y que estaba bueno, me dijeron los dos. Después de los mensajitos de texto de cuestión, y como había ido al cine, a la una me dijo de encontraron. Y en vez de hacerme desear, dije que sí. Boluda de mí. Por suerte no pasó nada, me volví a casa y dormí tranquila. Cagada de frío, volví. Y con el suficiente sueño para dormir de golpe. Sola, pero de golpe. Una vez más sola, pero bien. Mejor así después de las ofertas del día. Hacerse valer, decía mi abuela. Ay si pudiera.
viernes, julio 20, 2007
Periodistas
Ayer vi a muchos de ellos. Con algunos había tenido sexo. Hace mucho, claro, antes del Señor. Me los cogí, sí. En esa época me los cogía. Ninguno de ellos hoy vale la pena. Hablo en un plural que parece que fueran muchos, y lo son: en un grupo de cien personas de entre 30 y 60 años haberte cogido a tres son muchos: dos, hoy con 40 o casi, los que de 30 actuales no figuraban en aquellos tiempos, y hoy tienen un bajo porcentaje de figuración: el matrimonio los atrapó rápido, y ellos hicieron todo lo posible para ser atrapados. Sólo dos valían, y con uno de ellos intercambié teléfonos. En realidad le di el mío, con el de él en mi celular tengo miedo de hacer lío. De los de más arriba ya ninguno calificaba en aquella época.
De mi trío, los dos de cuarenta me histeriquearon un poco. Bastante. Me puso bien que me volvieran a tener ganas. El tercero me puso un poco triste. Con apenas más de 50, no vale absolutamente nada. Por qué no, un poco de asco me dio. De alguna manera él lo sabía, porque me tiró los galgos muy torpemente. Creo que de ahí me dio asco.
Me aburrí, una vez más. No tanto, tampoco. Se hablaron de cosas de periodismo. Y los chismes siempre son entretenidos. Especialmente los de las parejas. El que me dejó el teléfono se cogió a una de esas que los varones usan como figuritas, o trofeos: creen que así tienen más posibilidades con el resto. En general es así. A mí me aleja. Dependiendo de quién sea. La que él dijo, también periodista, para el público masivo mucho más masiva que mi interlocutor, me parece que le resta. Allá él con su gusto, aunque cuestiona su acercamiento. Más que nada mi recepción. Una lástima despertar y distanciarse del alcohol y sus ganas de aventura sexual; o al menos de juego de seducción. Menos mal que no me llevé su teléfono. Espero que no se anime a llamarme.
miércoles, julio 18, 2007
Destape
Me despertó el frío. La sensación, más preciso. Y no exactamente la sensación de frío, sino la de ser destapada. ¿Cuánto hace? ¿Cuándo fue la última vez? ¿Importa? El recuerdo está y ese es el problema. Sin recuerdo no me habría despertado. O lo habría hecho más tarde, cuando realmente tuviera frío. Si no olvido moriré, ¿no? Así lo canta Cerati. Quién pudiera olvidar. El problema es Eterno resplandor de una mente sin recuerdo: hay que borrar todo. Y todo es feo. Y peligroso. Tendría la ventaja de que volver a aprender cosas maravillosas, con lo maravilloso que sería eso, pero también el riesgo de perder cosas que ya no se pueden volver a aprender más. Ella siguió moviéndose y terminó destapándonos a las dos. Me había quedado dormida y no la llevé a su cama. La abracé y me volví a dormir.
miércoles, julio 11, 2007
Piso
Me fui a vivir a un piso alto porque quería estar lejos del piso. Pero estar lejos del piso, alejarse del suelo como decía Luca, no es la solución. El ventanal, las nubes, la luna, alguna estrella, los autos ahí abajo, la gente, todas son referencias de vida, de una vida que, si no me enteraba que no tenía, mucho mejor. Lo descubrí recién, al salir de la casa de una amiga, más que amiga compañera del trabajo, que vive más cerca del suelo y en un dpto interno. Se puede conectar con el mundo por Internet o por la tele, y cuando sale lo hace a la altura del resto de la humanidad. Yo no, siempre estoy arriba. Lejos. Y sola.