martes, febrero 20, 2007

Cumpleaños

Los cumpleaños de gente de menos de 30 son una mierda. Al menos para mí, que ya soy grande para todos los menores de 30. Nunca termina de armarse la cosa, por más que haya qué fumar y tomar. Los pibes tienen tiempo. Se les nota. Pueden desaprovechar una veterana como yo, de sexo fácil y formativo, que estoy buena y me buscan los de mi edad. Desaprovechan una charla con nosotras (o nosotros, también a ellos les marcan la diferencia): nuestra experiencia no les despierta el mínimo interés; ni siquiera les despierta el mínimo interés qué pensamos acerca de algo que ellos sí les puede despertar interés. Nada de nosotros les despierta el mínimo interés. Nos ven como algo extraño. Más bien ajeno. Tienen entre 22 y 26. Y sólo nos dirigen la palabra para saludarnos. O por una necesidad concreta como el trabajo. Nosotras estábamos más pendientes del pasado. Pensábamos que así nos iba a ir mejor. En el medio el mundo cambió y todo se fue a la mierda. A los chicos de hoy no les interesa el pasado, salvo saber quiénes fueron su papá y su mamá, y alguna otra referencia que les pueda servir para aprobar alguna materia de la escuela, el resto no les importa. Los chicos de hoy tienen suerte.

jueves, enero 18, 2007

La madre de tus hijos

Se fueron todos, y volví a extrañarlo a él. Al señor, al que después de los borregos que me bajé en los últimos dos meses pensé que no volvería a extrañar, que ya no, que me había expulsado de su vida y entonces por fin dejaría que se vaya para siempre. Pero no, lo volví a extrañar. Aunque sé también que lo dejé ir. No sé por qué no entiende esa parte mía de interés por su persona, por sentirlo como alguien con el que puedo hablar, pensar, reírme. Él me mira como si todavía lo quisiera, o quisiera algo con él. Claro que no podemos, él, en vez de preservarse del mundo, ser preservó sólo de mí: la única persona que no volverá a tocar en su vida por miedo a hacer potenciales huérfanos a sus hijos es a mí. Jaja, qué lindo lo que me decís: sos la madre de mis hijos, así que no te toco más. Parecés los tangueros eso viejos chotos de mierda que pensaban que la mina con la que dormían todos los días podían putearla por roncar pero no metérsela en el culo porque eso se hace con las putas, y las que cogen por el culo son putas. No, claro que no lo pensó así, porque los tiempos cambian y los parámetros son otros. Ya no es coger por el culo. Es tener sexo express como de nuevo estuviéramos conociéndonos, que me acaricie la cola con cariño y yo siento que empiezo a mojarme, que le dé un beso y quiera quedarme a vivir en sus labios, que me abrace por atrás en la cocina y me bese en la mejilla y al apoyarme empiece a parársele. Tanguero pelotudo. La madre de mis hijos. Andate un poco a cagar!
El muy puto me vuelve a ese lugar de mierda. Y yo que creí que había salido. Igual ya no lo extraño como antes. Extraño no poder tener conversaciones copadas. Para eso hace falta gente copada, como los cuatro borregos. Pero ellos se fueron. Tres de uno me puso excusas para no verme más. A uno le dije yo que no quería más, suponiendo que enseguida pegaría otro. No pegué nada. Y ahora estoy atrás de nuevo, así que no me atrevo a llamarlo. Cogimos bien, pero yo estoy allá atrás, como antes de que empezara ese fin de año extraordinario que creo guardaré entre mis mejores recuerdos.

martes, enero 09, 2007

Solas

El verano se presenta mucho más aburrido de lo que esperaba. Como le dije a Baby Trash, es un problema de expectativas. El problema de venir en alza, supongo. Una amiga dice que si estás en BA en enero sos una looser. Es verdad, vengo en alza pero vengo de muy abajo, así que creo que todavía no llegué ni a salir del pozo. Por suerte tengo películas para ver, otras muchas que están bajando, y los chicos, aunque ahora está ella sola, la chiquita, y estamo repegotas, jodonas, jueguetonas, felices, amigas, compañeras, colaboradoras, paseadoras, madre e hija.

miércoles, enero 03, 2007

Una lágrima en Palermo

Seguí así Baby Trash, que como dice un amigo mío nos vamos a quedar sola tomando una lágrima en Palermo. O en San Telmo, que para el caso es lo mismo, aunque más de una pensemos que no es lo mismo. Claro que son todos unos cagones, pero sabemos que no es así; que ni siquiera la mayoría lo son. O sí, pero nosotras seguimos actuando como si no. ¿Qué sentido tiene pedirle valentía a un cobarde? ¿Cómo se nos puede ocurrir que un cobarde puede tener orgullo? La mayoría de las veces es un problema de expectativas, creemos que es Príncipe Azul, por eso a la primera o segunda cita le decimos que ya no esperamos a ningún Príncipe Azul. Sólo estamos tratando de convencernos a nosostras mismas. Por ahora cojamos, que no está tan mal. Es verdad que después se te pasa, pero qué ganas de que ese día nunca llegue.

sábado, diciembre 23, 2006

No es masturbación

Estoy en ascenso (y eso que estoy con la regla). Estoy en problemas. Los chicos no están, hay día libre, fin de semana libre y el sabor del sexo que me dejó Martín y que quiero volver a probar con Martín. O con quien sea. Estoy que me salgo. Quiero alguien que sea posible de saborear. Es una cosa extraña, pero me encanta el sabor que me siento después del sexo. No podría decir qué sabor, pero es un gusto bien definido. No todos, por supuesto. Pero Martín me dejó ese sabor, y por eso lo quiero a Martín. Espero que haya otros, porque Martín no va a llamar; tiene algo y no me quiso decir. En realidad la que tenía algo era yo y él se dio cuenta. Tres encuentros en una semana fueron demasiado, creo. Me mandó un mensaje, se lo contesté insinuando un nuevo encuentro, lo tuvimos pero diurno y con poco tiempo, los dos nos teníamos que ir y ya saben las chicas todo lo demás. O no. Estoy leyendo muchos blogs de chicas. Y como Lola no hay. Yo no encontré, para ser más justa, que no es precisa pero está correcto. Y eso que me hablaron mal de Lola, ahora que está en el mundo editorial, ya amenazan con su segundo libro, la sacan fea, linda, joven, vieja, alta, baja, coqueta, desarraglada, sensual, insípida, intelectual, frívola, alegre sin tristeza, triste sin alegría, una Lola que no es Lola. Espero que entienda y no se enoje como la otra vez. Así que tomo las palabras del editor que me dijo que conoció a Lola con pinzas, con buenas pinzas; creo que puedo hacerlo. Porque la gente que escribe de alguna manera algo que de alguna manera me mece y me invita a un leve estado de ensoñación, esa gente siempre tendrá mi oído dispuesta a escucharla. Incluso en el error , o en lo que a mí no me guste o me moleste de ella, que no es lo mismo pero está mejor. Lola me lleva, el editor que me lo dijo, aún no. Me voy a dormir masturbándome con Martín.

martes, diciembre 19, 2006

Martín

Martín se ha ido. Todavía está, pero se fue. Ni siquiera dio para dormir juntos. Viniendo de una mina pensará que estoy loca, o que oculto algo. De hecho me dijo, con los ojitos rojos del sexo excitado, placentero y con futuro, mentirosa. Y me lo repitió con el mismo cariño y emoción promisoria, mentirosa. Encantada por el mentirosa, me fui casi de madrugada a preparar el bolso de mi hijo para el viaje de egresados. Locura. Pero no me podía negar a Martín. Creo que sí me hubiera podido negar al sexo. Mi psicólogo dice que me movió cosas. Sí, me movió toda, me movió y después me esperó, me hizo acabar lindo pero se fue y no me dejó espacio para pensar si es varón joven con poca experiencia o tiene para dar algo parecido a lo que yo suponía que puede dar chico de alrededor de 30 soltero, hermoso, fino, establecido, con casa propia, privilegiado laboralmente y perteneciente al grupo de los elegidos que deciden las cosas en el mundo. Se fue porque no le dije de los chicos, estoy convencida. Y apenada. Y no porque no se lo dije ese día, sino porque en los encuentros posteriores, sobre todo en la cena final, no le dije nada. Tengo indicios por todos lados de tener hijos. Y no sólo en el cuerpo, que cualquier varón algo ducho habría concluido con facilidad. Y si no fue por el cuerpo habrá sido por otra cosa; al menos yo sospecho eso. Y si yo sospecho creo que el otro también puede hacerlo. Y así se lo informo: sospechá de mí, digo todo el tiempo. Creo. Yo también me hubiera ido, pienso ahora que se fue. Me hubiera gustado salir unos meses con Martín, llevarlo a algunos de mis lugares, aunque especialmente que él me llevara donde yo no conozco, ni pertenezco, ni soy pero tengo tantas ganas de estar. El cuerpo lo recuerda. Mis ojos guardan el mentirosa. Hay presente. Que es el único futuro posible.

martes, diciembre 12, 2006

I don't believe it!!!

Salí a la luz. Todo encandila. Se ve poco y nada, y es fascinante. Ver poco y nada, que no haya certezas, reine la confusión. Atrévete a las cosas poco claras, me acuerdo, y me emociono. Y me presto a las cosas poco claras. Me lleva Martín. Suave, dulce, más chico. Le gusto. Pero no es amor. Lo sé antes que él, y así él se entera. Es bastante extraño cómo sucede esto, pero me cuesta mucho engañar. A Martín y a cualquiera. Que nadie se dé cuenta de que estoy mal, de que estoy bien, de que estoy desesperada por un hombre o ansiosa porque llame una amiga. Para mí otros lo consiguen. Pero Martín me dice que no es así, que por lo general la gente está tan metida en ella misma que no se da cuenta de qué le pasa al otro. Me gustó mucho eso, obvio, demasiado. Y Martín se di cuenta. Entonces se retrae, empieza a evitar ese tipo de razonamientos, de cosas pensadas hace ya rato pero que ahora consigue ponerlas en el momento y lugar adecuado; una especie de estudio inconciente para habilitarlo a mí, que sé que le gusto, aunque no le gusta tanto mi trabajo ni mi profesión, y se nota que espera y va en busca de un mundo que no le puedo dar. Menos con hijos, que todavía no se enteró porque no me animo, y ay lo mal que hice! Debería haberle dicho, aunque sea de la chiquita, ponerla ahí, en el medio, como quien no quiere la cosa decir a mi hija le encanta que la peine; una boludez por el estilo que si es ésa y dicha así, como quien no quiere la cosa, lo habría espantado. Menos mal que no dije nada, de haberlo dicho así no habría cogido. Y lo bien que me hizo coger. Sentir de nuevo con las esperanzas desvanecidas esos músculos totalmente desacostumbrados, hoy doloridos por el esfuerzo al que no estaban acostumbrados. No lo puedo creer, no lo puedo creer!, no lo puedo creer!!!

miércoles, diciembre 06, 2006

Baby Trash

Entre tanto blog de mina ingeniosa, cool y sin necesidad de hombre, volví a la antigüedad y me compré 7 Días. Pensaba en la que yo había conocido, y en lo que dice Lola acá, y en toda esa cosa que lo virtual todavía necesita del mundo ese viejo que pensamos que ya se acabó. Para apelar un poco a lo estudiado y darle un toque de reflexión a esto, digo: lo que la modernidad líquida necesita de la sólida para poder existir. No me acuerdo si Bauman plantea lo sólido y lo líquido como etapas de las que se transita de una a la otra o son sistemas que conviven a la manera de lo que Marx decía del capitalismo y el feudalismo. Pero sí que está claro que la modernidad líquida todavía necesita de la sólida para sobrevivir. Y en la sólida existía 7 Días, y en 7 Días esaba Baby Trash.
Fue un consuelo. Baby Trash hablaba de la década del 70, del cine Cosmos, de lo feo que es Terminator. Me causó gracia que una mina de como mínimo 40 hablara despechada de los hombres que la dejaron de lado o los que dejó de lado por falta de tino, habilidad, consideración, inteligencia. Yo por lo menos tengo los hijos, dije, eso que todas dicen que es una falta que no podés soportar desupués de los 35. Tal vez a Baby Trash le falte eso. Tal vez sólo esté mal cogida. Pero yo ni siquiera estoy cogida y hablo de quienes pasaron por mí como si fueran traidores, energúmenos, aspirantes a gigolós o idiotas que sólo querían mostrar una muñequita de torta como se ve en el dibujo que ilustra la página de Baby Trash. Ella dice que la madre le dice que tiene que revisar sus elecciones. Creo que tendría que revisar mucho más, a cierta edad el mundo no está más en contra de una. Y es una edad que queda muy lejos de los 40. Tan lejos, que cuando una se da cuenta todavía cree que los 40 es algo que nunca va a suceder.

viernes, diciembre 01, 2006

Mi Goonie

Tiembla, todo tiembla. Final de los finales. Será el que de grande verá en alguna película y lo emocinará, como a mí me emocionaron los Goonies, y junto al señor se la hicimos ver con la esperanza y el deseo de que al llegar a esa edad fuera uno de ellos. Y lo es. Mi hijo es un Goonie. No hay duda. Ya con mi altura, miro sin bajar la vista a quien todavía es un chico. Un cimbronazo, un temblor, una verdadera hecatombe. Pocas cosas se presentan tan certeras en la vida como el egreso de un hijo de la primaria. Por más que la vida te vaya preparando con su desarrollo corporal, hormonal, intelectual, y esa nobleza que la lleva a una a sentir que hizo bien su trabajo y que su hijo podrá ser cualquier cosa pero siempre serán más las satisfacciones que las insatisfacciones. No hay indicio alguno de que eso pueda ser cierto, pero en estos días una se siente plena. Incluso con el señor, quien por su parte parece también haber hecho bien las cosas. Y darle las gracias, pletórica por el momento, pensando que la felicidad es posible. O, como dice Estelares, no sabiendo muy bien qué es eso y menos si eso es posible, pero sabiendo que no se es una infeliz. Dándole las gracias también a él, porque viniendo como viene de pares de cromosomas compartidos, además de representar una nueva entidad tuvo que aprender a hacer algo con eso nuevo que era. Por más que buscó copiar y todavía copia, es distinto, y debe aprender cada día qué es lo que le dieron y qué lo propio, qué de lo primero quiere quedárselo y qué de lo segundo mejorar.
A la distancia de mis 12 en los que egresé, veo todo lo que se va dejando en el camino. Más por necesidad que por decisión. Creo que en la mayoría de los casos está bien. Pero no puedo apartar el dolor que da la conciencia de saber que después de esos años una nunca más vuelve a vivir con la frescura que da la convicción de que el futuro pertenece.

jueves, noviembre 23, 2006

Los besos del adiós

Fueron sólo unos besos. Malos, pero qué lindos fueron. Volver a sentir unos labios. No había forma de pensar que podía haber algo más, que ese tipo tonto que me decía estúpidas melocidades al oído y que creía que mi gracia se debía a su ingenio y ni en sueños se le podía cruzar por la cabeza que me causaba gracia que alguien volviera a decir cosas que la mayoría cree lindas y oportunas pero no son más que galantería berreta, pudiera provocarme algún entusiasmo.
Pero necesitaba besar de nuevo, sentir mis labios sobre los de otro; no para sentir los de él, sino para sentir los míos, que estaban vivos, que podían jugar, entretenerse, doblegar a quien se le quería imponer. Dejarlo con ganas, por mínimas que fueran, de seguir besándome. Sé que son calentones por naturaleza, pero incluso así yo necesitaba sentir nuevamente el poder femenino, el de traerlo hacia mí hasta donde yo quisiera. Sin perder nunca el control. Incluso en los momentos en que me dejé llevar.
Fue lindo. Fue doloroso ver cómo él, el señor, se aleja para siempre, para no volver, para ser sólo el padre de mis hijos, entrando en una intimidad distinta que ay todavía cómo me angustia.

viernes, noviembre 17, 2006

Semáforo

De repente soy importante. Bah, pertenezco de nuevo al mundo del trabajo, eso que nos hace importantes, creo, hoy. Un evento, de esos a los que siempre me invitaban y nunca iba porque era una mina casada y con hijos y me debía a eso. ¡Qué lindo hubiera sido poder haber compartido esos momentos boludos con él! ¡Cuánta seriedad! Me río más, y eso es bueno. Por lo menos me hace sentir bien. Me río más que nada de mí, de lo boluda que fui. Antes no me causaba gracia, y eso está bueno. Todavía no me animo a dejarle el teléfono a nadie, aunque sé que el celular se le da a cualquiera, que no compromete para nada. Pero yo tengo ahí me semáforo, que sé qué no es él, pero igual lo tengo. Él, el mayor, que siento que cada vez que suena el teléfono clava los ojos en los míos. Recién ayer me di cuenta de que no era él, sino yo. Yo lo miré y él no me miró. No le interesa, pero a mí sí. No sé por qué. Tal vez por eso nunca pude ir a uno de esos eventos que van todos los que no tienen nada que hacer, o que quieren hacer mucho. Empecé a mirarlas a todos de otra manera. Creo que porque me siento una igual: en la soledad, en la desesperación por compañía, en el miedo, en el terror, en la torpeza, en la dificultad, en la idiotez, en la fragilidad de ser una mina. Quién sabe si ellos no sienten lo mismo, aunque por ahora siga sin creérles, y piense que sólo me quieren usar.

lunes, noviembre 13, 2006

Lo que queda

Y por más que no quiera terminaré olvidándolo. Sé que será así y nada podrá cambiarlo. Ya fui informada de su decisión de que juntos así como fuimos nunca más. Seguro que tampoco podremos ser de otra manera, pero hoy todavía me resisto. Se lo dije a mi terapeuta. Me miró en silencio. Lloré desconsoladamente. Es una cagada, pero no hay otra posibilidad. Es como aprendí de Lola, ya no me acuerdo qué día y por eso no la linkeo. Ir a la facultad es una cagada, pero no ir es peor. Estoy bien. Y eso me jode más de la cuenta. No estaba preparada.

viernes, noviembre 10, 2006

Lo vi

Lo vi con la nitidez que ningún recuerdo conserva. Estaban de la mano, se besaban, pero yo a ella no la conozco. Me hubiera gustado que viniera con ella al fiesta de cumpleaños del amigo en común, pero no vino. ¿Por qué vendría? Sabía que no lo iba hacer, pero lo deseé todo el día, desde el momento mismo del sueño, que fue el mismo día que el cumpleaños del amigo. Liberación clamaban las furiosas bestias. Mis bestias claman liberación. Verlo así, en público y de un a vez por todas tal vez me libere. Pero nada me libera. Y mucho menos alguien. Nadie se acerca a cumplir esa misión conmigo, no hay ningún héroe cerca, y no jodamos, ya no soy una nena. Si al menos fuera Araceli. Esa cara de nena, esa actitud. Pero es solo una imagen, no se puede ser así a los 40 o cerca de los 40. A mí me faltan algunos todavía, pero ya los siento, están ahí, presentes. ¿Qué son los 40? No tengo la más puta idea, pero suceden.

domingo, noviembre 05, 2006

Por una noche

Ojalá el de ayer sea unanoche que mi memoria guarde. El futuro tiene esa cosas, y una nunca sabe. Estuvimos los cuatro en el mismo ámbito, fiesta escolar, con ella agarrada a la mano del señer y la mía, apretujadas y bomboleándolas, feliz como pocas veces la vi. Creo que nunca. Él, el mayor, estaba bien. Se divirtió con sus amigas, lo vi con chicas (nunca lo había visto en esa situación de levante) y sin mostrarse incómodo conmigo. Fue un alivio no recibir miradas de censura, saber que algunos sabían, muy pocos, de mi ausencia de un mes. El señor no se lo contó a nadie por su cuenta, me dijo; tuvo el tino. Pero a los dos semanas de mi borrada alguien le preguntó y él respondió. Así que lo deberían saber unos cuantos más, pero nadie me miró mal. Después pensé que por ahí lo hicieron, pero yo no me di cuenta, y eso me pareció mejor; mucho mejor. Que las miradas de los otros no te afecten es buenísimo. Casi genial, diría yo. Hablé con mujeres, me sentí una más, alguna que otra me contó su problema; no mucho: hijos, algún reproche de cariño tonto al marido y la pregunta obligada de cómo andaba yo, que en ningún momento sentí alusiva a mi ausencia sino a la posibilidad de una pareja. Sólo dos me preguntaron si estaba saliendo con alguien. Dije que no. Supongo que vieron algo depresivo en mí, porque no siguieron hablando del tema. El señor estuvo bien, me habló amablemente cuando tuvo que hacerlo; en un momento me preguntó si me sentía bien con ese gesto tan suyo justo en el límite de la subestimación y de la verdadera preocupación y por el cual no le podés decir nada porque si no enseguida dice que no, que no quiso decir eso, que disculpas. Pero estuvo bien, se mantuvo a la distancia precisa.
Nos fuimos con la gorda y dormimos juntas, igual que desde que volví. Ella se durmió abrazada a mí, yo también pero mucho después. Dormí como si hubiera hecho un gran esfuerzo, y hoy me desperté con una angustia inaudita. Lloré sola más de media hora en el baño y después ella se despertó. Compramos juntas un regalito que ella le quería hacer a su papá que esta semana cumple años y después ya se fue. Yo prácticamente no me puedo mover.

Buena leche

Después de no cumplir con la promesa de uno por día quise retomar escribiendo de Lola, su nota en Viva, sin esa sensualidad que a sus lectores nos hizo feliz, tan desabrida, poco romántica, madre común, poco glotona, tan chica más. Pero la bronca por lo general no fue buena consejera para mí y menos en los últimos tiempos (unos diez años aprox), así que decidí tomarme tiempo.
Un nuevo impulso apareció con los chicos, pero me parecía demasiado íntimo y ensordecedor. Para mí. Era un zumbido de esos que permanecen y que terminás descartando porque estropea la posibilidad de escuchar el resto, no te deja entender qué te estás diciendo, si te están llamando o pidiendo algo, si alguien te necesita. Esa fue la razón por la cual también desistí escribir de eso. No me parecía decir que el mayor me bardeó las 24 horas que me soportó el sábado pasado, que la más chica me agarraba de la pierna a la altura del muslo y no me soltaba, que sólo me soltaba para abrazarme por la cintura, que fue al baño y como no me vio en la habitación de ella (donde estábamos antes de que fuera al baño) empezó a gritar Mamá, Mamá, y cuando le dije acá estoy apenas me vio me dijo tenía miedo que te habías ido de nuevo. Si el más grande se fue sin quedarse a dormir y quién sabe cuándo me perdonará, si la chiquita me llama todos los días para saber que estoy a mano, que no me fui, poco queda para decir de los chicos. El domingo caí en un bajón que creí definitivo, como creí cada uno de los que tuve desde el verano pasado, cuando por esas cosas que una nunca sabe empecé a percibir (por la simple y estúpida compra de un pantalón, hecho que sólo después se reveló como signo de percepción) que el señor se iba, se iba para siempre. Lola arruinó todo mucho más el lunes, cuando un tipo del trabajo a la que le mostré su página porque yo creía que Lola hacía calentar hasta a las piedras, me la mostró con sonrisa burlona, totalmente decepcionado con ella y conmigo después de la ilusión que le había generado al descubrirle la página, al presentarle a Lola, al darle la posibilidad del enamoramiento. Diría que casi me pega, pero la tiró así, como para que hiciera plaff, y el plaff se escuchara bien, casi en toda la oficina para que él se pudiera sacar las ganas de decir lo que tenía ganas de decir: Una putita cualquiera. Lola era una putita cualquiera. Se vendía, había especulado desde el principio, a lo sumo empezó como un juego pero enseguida se puso especular; no había dudas de que Lola era una putita. Pu-ti-ta, llegó a decir. Yo dije algo entre el non y el nan... No pude decir más: me salió parecido a ese de la propaganda de Insenbeck, esa que tuvieron que levantar al toque porque era reevidente que promovía la violación de minas, sin tener la más puta idea de que Lola después se iba a tener que defender de eso en las notas de prensa que estaba dando, porque incluso las minas (creo que todas las notas se las hicieron minas, los editores deberían tener miedo que la nota quedara muy babosa; ¿o fueron editoras, chicas celosas y envidiosas de no poder provocar algo parecido a Lola que mandaron a preguntar sobre la provocación y los orgasmos en el baño y otras preguntas berretas?) Nada de eso hubiera sido capaz de pensar en ese momento del non/nan. Después me acerqué a mi compañero, prácticamente el único (incluido muchas chicas) que en el trabajo me inspiró la confianza necesaria como para decirle que Lola a mí también me incitaba al sexo, me daban ganas de sexo leerla, salir a buscar algún tipo, algún pendejo y bajermelo, así porque sí, aunque después siempre terminara masturbándome sola en mi cama y llorando a la mañana siguiente que nadie hubiera puesto su mano entre mis piernas y penetrarme con sus dedos. Eso le dije al decirle el blog de Lola está muy bueno; ahora Lola me hacía esto. Me acerqué a mi compañero, casado, una nena de un par de años, futuro separado porque la sigue a su mujer mucho más de lo que debiera, que yo pensaba que Lola se había equivocado pero que no había especulado nunca, que tal vez creyó lo que creemos todos en un momento, que podemos controlar la situación y resulta que siempre la situación termina montándose en nosotros (al menos en mi caso, aunque esto no se lo dije), pero que no, Lola no había especulado. El me miró y dijo ¿te parece?, sí, le dije, así, con cara de floricienta, pero él no me creyó: después de mi mes de licencia por problemas de salud habrá pensado que no era conveniente siquiera poner en duda uno de mis razonamientos; andá saber lo que se dijo de mí en ausencia.
Así que Lola no me daba para escribir, por más que el viernes, desesperada como estaba frente a otro fin de semana con los chicos, uno dispuesto a crucificarme la otra a no dejarme mover y yo una pelota de angustia y depresión que terminaría alejándolos más, mi compañero me acercó la nota de Veintitrés y pude empezar a respirar más tranquila. Puede sonar bochornoso, pero diría que volví a respirar. Ahí estaba Lola, la sensualidad recuperada, la actitud, el desparpajo, la provocación, el sexo, la buena leche. Lola no especulaba, quería de la vida otra cosa que por más que en algún momento y en muchos sentidos se pareciera a lo que yo quería no era lo mismo. Lola no había llegado a salvarme, así que no me podía condenar. Lo miré a mi compañero que con el acto se hizo amigo, yo sentada él parado al borde de mis escritorio, y le sonreí; sonreímos juntos, yo emocionada, él también a su manera, una sonrisa de oreja a oreja que me dio envidia de su mujer y felicidad de su hija que superó y borró como un huracán la envidia a su mujer. Esa niña tenía un padre, igual que la mía. Tan mala no era, después de todo había elegido al señor para padre de mis hijos.

domingo, octubre 29, 2006

Que los cumplas feliz

Los chicos no quisieron venir pero me vieron. Me saludaron bien, sobre todo la más chiquita, que se me colgó del cuello y nos abrazamos con todas nuestras fuerzas, ella con las suyas, yo con las mías, que me parecieron más que las de los últimos tiempos. Me dio muchos besos. El más grande por lo menos reconoció que volví antes de que cumpliera años. Él miró, y se portó como un caballero. El encuentro fue en una plaza, a sugerencia del señor; le pareció lo mejor, y yo estuve de acuerdo. Primero porque no se me ocurrió otra cosa, después porque me pareció el más apropiado: todos anónimos, o por lo menos perdidos entre la multitud, no somos nada, como algunos apendimos a decir con La Blusera. Ahí en la plaza ella corrió en la dirección que le marcaba el padá con el dedo índice, como si fuera una publicidad; él caminó mas lento, sin perder rastros del padre, que lo acompañaba al costado y caminaba tranquilo. Cuando estaban cerca lo empujó suavemente por la espalda con la izquierda y él lo miró: el señor le dio una sonrisa de confianza y él dijo: hola ma. Casi me desmayo, estuve a punto pero por suerte lo evité; lo evité pensando que sería el fin, que no me querría más, que ni siquiera de viejo me perdonaría. Lo abracé fuerte, él pareció que lo hizo de compromiso, pero lo hizo como pudo, y pudo mucho.
Después de unos minutos él se ofreció dejarnos solos unos minutos pero yo le dije que no, no había problema, que se quedara. Su corrección muchas veces me enfermó, pero esta vez parecía sincero, preocupado por el bien general antes que por quedar bien. A ella le llevé un Kinder, a él un poster de un músico que ama. La hamaqué a ella mientras le pregunté cosas de su escuela y su ingreso a él. Todo monosílabo, alguna vez, por alguna repregunta siempre temerosa de romper su infinita paciencia, algo más. Estaban bien.
Habíamos quedado con el señor que el después lo estableceríamos en ese mismo momento, si bien teníamos plan de base: que los chicos se quedaran solos conmigo toda la tarde, que después volvieran a su casa siempre y cuando ninguno de los dos quisiera venirse conmigo y que al otro día a la mañana los llevaría a la escuela, estuvieran o no conmigo. Pero yo le dije que se quedara. Necesitaba verlo. No sé por qué, quizá para saber que nunca me dejaría tirada en la calle; en este mes fue una de las cosas que sentí que me faltaba. Pero me faltaban también muchas otras cosas y la única que quise concretar fue esa. Fue muy linda, pero muy bien no hizo. Los chicos, especialmente el más grande, se empezó a mostrar cada vez más remiso; la chiquita cada vez más demandante. De alguna manera se sentían mejor con los dos padres lejos, cada uno por su lado.
En un momento él dijo que se iba, que tenía que estudiar; sabía que no era así, pero no le podía decir otra cosa que sí, está bien, andá. Al otro día lo acompañaría al colegio pero hasta más de una cuadra, nada de acercarme a la puerta, él no soportaría todas esas miradas sobre la madre que se borró un mes. En ese momento y en esa edad nada importa que su madre lo hizo para poder darle algo mucho mejor a lo que le estaba dando, que de alguna manera tuvo la anuencia de su padre, que eso era mucho más eficaz que toda la puta voluntad con la que se desesperan el resto de las minas y jamás se perdonan no poder y se la viven pasando pidiendo perdón por no poder y quejándese a sus machos de que no hacen lo suficiente para que ellas puedan y se quedan solas, aburridas, quejadas, acompañadas por una desesperación como ellas, ese marido panzón, mofletudo, fuera de forma física y mental, sobre todo mental, que atrasa y, lo peor, tira para atrás. Esa que no quise ser más y que un acto tan desesperado como la vida que llevaba y que incluso era amor, lo dejé, mal, porque lo dejé pensando en que así resucitaba el amor; esa misma me esperaría en la puerta de la escuela para decirme por qué había dejado de ser así, que cómo me había atrevido, que qué me pensaba, andar dejando a los chicos por un mes, si los chicos no necesitan felicidad, sólo a la madre. Feliz cumpleaños.

jueves, octubre 26, 2006

Volver, y volver a empezar

Tengo miedo de que suceda de la peor manera: engancharme con cualquiera, desesperada por algo de mimos, un poco de calor, cierta ternura. Probablemente por eso haya llamado a mi mamá, quien se me trata como una nenita y no me perdona que me haya ido un mes. Y eso que es ella la que me tiene que pedir perdón por varias cosas. Tal vez por eso en determinados momentos extraño mucho al señor y añoro todo lo que pudo haber sido y no fue: el sexo al despertarse, el sexo en algún momento inapropiado del día, la caricia, el gesto, el mimo, la contención, el abrazo, la caricia, el beso en la boca porque sí. Seguramente por eso me refugio tanto en mis hijos, dejo que se me acerque el más feo y serio de un grupo de varones en las que algunos quieren sexo por esa cosa de pendejo que quiere hacerse el piola y probar algo grande, el que lo quiere a secas, el que lo llena de un erotismo previo y el no sé qué ocho cuartos, pero que no se me acercan seguramente limitados por mí. O lo hacen hasta ahí, esperando alguna señal porque todo el mundo se anda cuidando tanto de cualquier cosa que ni siquiera es capaz de sonreirte dándote la confianza necesaria como para que te atrevas un poquito más. Como nadie juega solo, yo juego hasta ahí y sólo avanzo con la garantía del no. Me ahorraría plata, estoy convencida. Pero no desesperación. Se me nota mucho, como aquel gay que me cambió un beso por un cigarrillo y dijo tirándose levemente para atrás: ¿cuánto hace que no te besan? Así, que no me besan. Me sigue costando ver alguna película sin acordarme de él. Pero bueno, llegará alguien, finalmente llegará; y como en la posibilidad de una isla se irá raudamente, por más que un amigo diga que no podés desarmar las bombitas y sacar las guirnaldas hasta el último suspiro.

martes, octubre 24, 2006

Uno por día

Es increíble que un good morning lucy te pueda poner tan bien, pero así parecen suceder las cosas. Sigo fantaseando con uno por día, pero no hay hombre a la vista ni compañía agradable. Se hace difícil escribir cuando todo parece tanto y cualquier cosa poco. Pero algo me salió, como el adiós a Tp, que a mí me hace sentir un poco más sola, pero también me obliga a arreglármelas más por mi cuenta, que sospecho que ni remota relación tiene con crecer, aunque nuestras madres se encargaron de confundirnos más de la cuenta. Que sea casi uno por día, con o sin hombre, con o sin las cosas que me acompañaron hasta hace poco.
Hoy vi al psicólogo y mañana le anunciaré mi vuelta al señor para poder encontrarme con los chicos.

domingo, octubre 22, 2006

Adiós TP

Murió TP. Hay clima de velorio en el sitio. Ojalá alguien les proponga lo que el marido de mi amiga a mí: borrarse por un rato, alejarse de las rispideces que todo lo vuelven feo y desagradable, esa molestia inasible que hace que una siquiera quiera jugar con su hija aunque más no sea por el hecho de revivir aquella que fue cuando el mundo la esperaba. Aquella que, en el Mariano Acosta o en otra benemérita institución de rango menor o mayor esperaba el momento sublime del terremoto inexplicable que la hacía sentir que ese era el instante para tocar el cielo con las manos más nunca tomarlo por asalto porque el cielo debía quedar intacto para los que venían detrás: ellos eran la evidencia de que la verdad nos pertenecía, de que el mundo podía haber sido como los adultos decían que había sido pero que con nosotros no volvería a ser igual.
Amábamos esa convicción de que 20 años después no seríamos como ellos, y deseábamos con todas nuestras fuerzas que permanecieran con vida para presenciar la refutación práctica e histórica de incendiario a los 20, bombero a los 40 (y muchas otras que nos espetaban con odio). Luego, como a Schmidt, nos pasaron esas cosas. A diferencia de otros que tuvimos amigos/conocidos sólo para sobrevivir, Esteban tuvo a Ernesto, Huili y Puri, que nos convocaron a todos nuevamente a gozar de la oscilación del suelo. TP propuso llevar y ser llevados nuevamente en andas, Quintín a Romina, Abraham a Mortati, Raffo a Schmidt, Schmidt a Raffo, Gargarella a Ivana, Ivana a Iglesias, Iglesias a Brener…
Lo que en aquel entonces no entendíamos era cómo eso que era una fiesta, era una cosa de locos, estaba permitida, estaba bien, y lo mejor de todo es que a veces terminaba mal (y más de una vez entusiasmaba tanto a los maestros que los hacía saludarnos con el pulgar en alto), por qué molestaba tanto. En esos años nunca vimos que el suelo que oscilaba era siempre el suelo de los otros. Y eso molestaba terriblemente.
Pero hay algo que teníamos muy claro en aquellas situaciones/sensaciones pre orgásmicas (eyaculatorias en el caso de Schmidt) aunque nunca hubiéramos estados en condiciones de declarar: lo que nos incitaba año a año a no retroceder y volver a hacerlo por más consecuencias disciplinarias que nos trajera, era que la vejez es el fracaso.

Muchas gracia por todo y buena suerte.

sábado, octubre 21, 2006

Un mes

Pocos pero efectivos: entraron, espiaron, escucharon, preguntaron, dejaron sus preocupados post. Tomé el consejo del marido de una amiga, ella mucho más preocupada que él, que se le tomó con la ternura de quien entiende pero le causa algo de fastidio tanto reclamo. Me dijo: lo mejor es que te borres por un rato, o sea, mejor que no saber dónde ponerte y que así termines poniéndote en un lugar del que no podés volver, podés conseguir el mismo efecto pero con la posibilidad de arrepentirte y poder hacerlo efectivo.
No te entiendo.
Si te matás no te podés arrepentir.
Sí, sí, claro pero yo no me quiero matar… Y me quedé; entendí recién ahí lo que me había querido decir. La mujer lo estaba matando con la mirada, así que balbuceé algo, una boludez que por lo menos frenó la tensión. A
Sí, sí, está buena la diferencia, dije así, bastante atolondrada;me gustó, en serio. Mi amiga lo dejó de censurar, y yo sonreí. Mi amiga se distendió.
¿Por cuanto tiempo?
No sé, dijo él. Levantó los hombros a lo Maradona; me hizo acordar a él, al señor. Tuve la sensación de que en todo este tiempo lo extrañé mucho más de lo que creí haberlo extrañarlo.
Podés hacer algo consensuado, ¡la concha de tu madre cómo me complicaste la vida!
¡Claro!, saltó mi amiga, más asustada que su marido y yo juntos.
Decirle a él la verdad, pero sólo en su parte más relevante: necesitás un tiempo absolutamente sola.
No sé a mí, pero a mi amiga los ojos se le iluminaron. Creo que se enamoró más de su marido.
¿Cuánto y en dónde?
En donde tal vez te podemos ayudar, me dijo ella, agarró la mano del hombre por el que se sintió reconquistada, del hombre secas, en definitiva, y lo miró.
¿Cuánto?, levantó los hombros sin la gracia de los tres hombres y miró al suyo.
Un mes, dijo él dándome la seguridad que sintió que me faltaba.
Pasó un mes, y por ahora sólo quiero contar hasta ahí. Tal vez me psicólogo me lea antes de volver a verme, aunque seguro que ya dejó de preocuparse por mí. En el celular sus mensajes aparecen hasta hace una semana. Y en la semana anterior hay solo dos; los primeros quince días llamó todos los días. No sé cómo volver a ver a los chicos, primero tengo que hablar con el psicólogo; necesito más seguridad, o un poco de seguridad. Y eso que estoy segura que el hijo de puta se los explicó bien, el señor hijo de puta le habrá dicho a ella mamá está mal, necesita un descanso, como te dijo te quiere mucho, pero para quererte más necesita esta descanso (me juego que le dijo así todos los días de este mes y la contuvo y la protegió y la mimó y estuvo al lado de ella y seguramente con su nueva ella, mostrándole el camino de las familias paralelas, nuevas, mezcladas, amorfas pero mucho más divertidas y felices que las tradicionales). Nadie sabe que volví, sólo quienes lean esto. Al señor le dije que a fin de mes, pero el no lee. Por lo menos a mí, y si por leer entendemos escuchar. Gracias por los post y las visitas.