domingo, julio 08, 2007

Susto

Esto pasó el 17 de junio. Y veo que recién escribí el 5 de julio. Da la dimensión del susto, que los primeros días ni percibí. Me creí reloca, atrevida, moderna, mucho más que cualquier pendeja de hoy, que lo hace porque está de onda o para hacer aceptada, como hacemos la mayoría de las cosas cuando somos chicas. Pero yo soy grande y lo hice igual porque soy zarpada. Las bolas. No salí por una semana. Y si bien no salgo mucho, al segundo fin de semana que me di cuenta que sólo tenía ganas de querdarme guardada, me parecté de que eso no me había sentado muy bien. Todavía me dura el miedo que me metió mi vieja cuando me encontró tocándome con una amiga y no me habló por tres días. Bah, yo digo que fueron tres días. Para mí fueron más, pero le pedí perdón enseguida, y si no fuera por mi viejo creo que no me hubiera hablado hasta que nació mi primer hijo. Cómo me asustó la hija de puta. Pero para ella fue en éxito total. De hecho por años evité hasta los roces con chicas, en el colectivo, la facultad, en el baño, donde fuese. Y de hecho el probador ocurrió porque estaba fumada.
Me cayó tan mal darme cuenta de esto, que me la pasé una semana llorando. En el laburo dije que tenía pérdidas. No pérdidas pérdidas, sino una menstruación prolongada, que no sabía qué me pasaba, que tenía que ir al médico. Un día dije que fui: fue al lunes siguiente, cuando me pareció que mi cara estaba mejor, que mi postura no delataba depresión y que emitía opinión cuando se daba una charla. Estoy cansada de llamar la atención por mi estado de ánimo, que la gente me pregutne si estoy bien, que qué me pasa. Hace rato decidí que las cosas no se me tienen que notar tanto, pero todavía no lo consigo. La última semana de junio estuvo mejor. Aunque no pude olvidarme del todo del probador.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cuando llega la Depre yo cierro todas las persianas, renuncio a toda esperanza y solamente aguanto hasta que pase.