jueves, septiembre 14, 2006

Torsos

Se vino el sol y con él los problemas: la gente se desnuda, se muestra, se los ve en los balcones tomando sol, su hormonas fluyen en el aire y yo con la más chica, que ama a su papá y no sé si me va dejar que alguien se me acerque y me diga algo lindo o sólo se acerque para ver qué pasa, halangándome ya con su cercanía, sintiéndome de interés para alguien luego de tantos meses de desinterés para todos empezando por mí misma. Ella lo mira, lo juzga, lo sentencia al destierro si siente la competencia y al olvido si ve en mí el mismo estado de estos últimos meses cuando nadie se me acercó porque repelo. Pero en la plaza nadie se acerca, ellos están con uno o con dos, y hablan por teléfono, se desnudan el torso, peludo y con músculos marcados pero sin trabajo; ellos están ahí para que yo los aprecie y los desee, aunque yo sólo los aprecio: ella, mi juez, pide hamaca, chupetín, pochoclo, maíz para las palomas, tobagán, trepadora y siempre dice, grita, exclama mamá mamá mamá sin olvidarse que cuando vino con papi hizo esto, aquello y lo de más allá porque papi la deja y la sube, la baja, la lleva, la trae, la ayuda y papi tiene fuerza como parece tenerla ese que miro y no me mira porque ella dice, grita, exclama que papi y mami y el hermano y ella un día vamos a ir a no sé dónde. Y él se va.

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